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Sobre lectores ensalzados y burlados

Un tema común de las burlas o censuras a escritores es el de su pretensión a considerarse depositarios de una visión o mensaje privilegiado. Unas veces el privilegio lo caracteriza la forma y otras veces el contenido, pero tarde o temprano las virtudes o pecados del texto se desplazan al autor, y casi todo el tiempo con el apoyo o intervención de éste. “Madame Bovary soy yo”, dijo para bien o para mal Flaubert de su texto, y seguro esto tenía relación con su creencia en ser una persona consagrada a la tarea de escribir una épica en prosa. Ya se ve entonces de dónde provienen esos alardes: es una superstición oriental promovida por sacerdotes que escribían o por escribas que servían a sacerdotes. Los escritores enganchan dos o tres frases para arrastrar el ídolo de sus pesares o irritaciones, y de caballerizos se elevan a demiurgos o profetas.

Curiosamente, los lectores tienden menos a burlarse o censurarse a sí mismos. Pero sospecho que en parte se debe a que los escritores se reservan este tema casi como exorcismo o por venganza o como estrategia de exaltación de su oficio: ahí tienen a Cervantes con su poco antes de la muerte muy crédulo lector Alonso Quijano, y otra vez a Flaubert, quien nos dio a la engañada lectora de novelas románticas Madame Bovary.

Que burlarse del lector es sobre todo una burda manera de encumbrarse, lo prueba el que otros escritores ensalcen los suyos: Montaigne lo enalteció al llamarlo suffisant lecteur; Stendhal, al hacerlo miembro de la secta de los happy few; Valéry Larbaud, al darle estatus platónico a su lecteur idéal; y Julio Cortázar lo sedujo con transgresiones vicarias al reputarlo de lector cómplice. Pero alabado o burlado, el lector no es para el escritor sino otra bestia a la que enganchar un ídolo inseguro.

Afortunadamente para mi lector, éste no es su caso. Yo comparto más bien la idea de Wittgenstein: si digo que mis textos están dedicados

a un pequeño círculo de gente (si es que se puede llamar círculo), no quiero decir que crea que este círculo sea la élite de la humanidad, pero sí que está compuesto de aquellos a quienes me dirijo (no porque sean mejores o peores que otros)…, en oposición a los que me son extraños.

Tenga la certeza Ud. quien me lee de que yo estoy lejos de exaltar o burlarme de mis pocos lectores.

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