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María Zambrano: Sobre idolatrías políticas

Para Luis Moreno Villamediana y Carolina Lozada,
en Venezuela,
y Gustavo Solórzano,
en Costa Rica.

La filósofa española María Zambrano fue discípula de Ortega y Gasset. La admiraron entre otros Husserl, Russell y el iconoclasta Cioran. La victoria de Franco la impulsó al exilio y a escribir unas páginas sobre el endiosamiento político. Quizá a alguien en Venezuela o en algún otro país de América Latina le interesen esas reflexiones sobre idolatría e idólatras políticos.

§§§

Y todo endiosamiento requiere una víctima y una complicidad. Nadie puede a solas endiosarse, o nadie se conforma con endiosarse a solas. Es un proceso esencialmente altruista, hace falta el otro o los otros; un individuo, un semejante en ciertos amores: un pueblo entero, cuando de la historia se trata. El que se endiosa necesita verse y sentirse como un Dios para el otro, en el otro. Y como la especie de Dios que le sirve de patrón —inconscientemente— corresponde a épocas religiosas muy primitivas piden, como ellos, víctimas, pues solamente alzándose sobre una víctima o un montón de víctimas el que no es un Dios puede hacerse la ilusión de serlo. […]

En los momentos de crisis histórica —se comprende fácilmente— es cuando este endiosamiento encuentra su clima propicio, de una parte; de otra, en los momentos de absolutismo declarado. Pero en este segundo caso, se trata de un proceso subyacente, consecuencia del absolutismo de la mente o voluntad. Mientras que en los momentos de crisis histórica, es el endiosamiento el que es causa del absolutismo. Por eso coexiste con diversas y aun contrarias ideologías. Es una enfermedad que se desata y, aun más que una enfermedad, una caída, un abismo que se abre en la historia, y que devora alucinadamente siglos enteros —toda una civilización por momentos— sumiéndola en una situación prehistórica, más bien infrahistórica […]

[…] el que se endiosa lo hace a costa de otro o de otros, que se le ofrecen como víctima. O le ayudan en tácita complicidad para hacerlas. Sean su víctima o su instrumento. En todo caso se someten a ser cosa suya. […]

¿De dónde la fascinación que tales «nadie», que tales «ninguno», ejercen sobre las masas, y lo que parece más extraño, sobre algunos individuos de las minorías? Pues sin sufrir una fuerte fascinación no se dejarían las gentes devorar. Muchas víctimas —es cierto— lo son por incapacidad total de huir de tan pavoroso destino. Pero hay víctimas voluntarias; los cómplices, los colaboradores, los que «prestan» dando más de lo que se les pide, inventado nuevos sacrificios. Es el punto en que la condición humana se hace abismática, se hunde en un abismo de no-ser, una especie de suicidio de la peor clase; suicidarse como persona, para seguir viviendo.

§§§

Del libro Persona y democracia: La historia sacrificial. Barcelona (España): Editorial Anthropos, 1988. págs. 70-72.

  1. 18/02/2010 a las 1:51 pm.

    Gracias por la dedicatoria. Una excelente reflexión, para estos tiempos que corren en las políticas de algunos países por ahí, cuyos nombres nos reservaremos, según cuentan.

    Saludos

  2. 19/02/2010 a las 8:43 pm.

    La lucidez de Zambrano es muy propicia. Uno la lee, mira alrededor y se da cuenta de cuánto acierta en lo que dice. Las “víctimas voluntarias” son pavorosas, las peores, tal vez, aunque tampoco se les da la espalda a las otras. Gracias, Víctor.

  3. 3/03/2010 a las 11:31 pm.

    Esto es duro y letal: “Y todo endiosamiento requiere una víctima y una complicidad. Nadie puede a solas endiosarse, o nadie se conforma con endiosarse a solas. Es un proceso esencialmente altruista, hace falta el otro o los otros; un individuo, un semejante en ciertos amores: un pueblo entero, cuando de la historia se trata”.

    Nos agarró la locura, la versión llanera del comegente…

  4. Víctor Azuaje
    15/03/2010 a las 11:46 am.

    Gustavo, Luis y Carolina:
    Valdría la pena examinar esa noción de complicidad que sobrepasa el voluntarismo, entrando en la zona nebulosa de lo pasivo, lo “tácito” de que habla Zambrano. En ella podría incluirse aquello que compartimos con los endiosadores y que mucho más que expurgar debemos sobre todo reconocer como también nuestro. Los venezolanos tenían el dicho de “todos llevamos un adeco por dentro”; creo que va siendo de hora de decir lo mismo de Chávez. ¿Mea culpa, Luis y Carolina?

  5. 25/03/2010 a las 5:55 pm.

    Hola, Víctor:

    ¿Se puede saber por qué se cerraron los comentarios en el otro post?

    En todo caso, un amigo me recomendaba siempre esa película. La vi y realmente no fue que me causara gran impresión, salvo encontrar en ella los elementos clásicos del héroe atormentado, con cara de palo, del western.

    Ahora bien, esta lectura que hacés desde el punto de vista canino es una joya retórica. Lo digo en serio, de verdad.

    Saludos

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