Inicio > Libros imaginarios > Las máquinas poéticas de los libros imaginarios (ii): Jonathan Swift

Las máquinas poéticas de los libros imaginarios (ii): Jonathan Swift

Entre los primeros diseñadores de máquinas literarias hallamos al desquiciadamente lúcido Jonathan Swift, quien volcó su admiración y burla en el capítulo V de la tercera parte de Los viajes de Gulliver. Lemuel Gulliver visita la academia de Lagado. Observa, sucesivamente, un proyecto para obtener rayos de sol de los pepinos, otro para convertir los excrementos en sus componentes originales, otro para transformar el hielo en pólvora, otro para construir las casas comenzando por el tejado, otro para enseñar a los ciegos a distinguir los colores por el olor y el tacto, otro para cultivar la tierra con cerdos, otro para sustituir a los gusanos de seda con arañas alimenadas con moscas de colores, otro para conjugar las propiedades de las veletas y los relojes de sol, otro para lograr una fórmula que favoreciese la cría de ovejas sin lana, y otro que remeda la máquina de Raimundo Lulio…

Una mimética máquina de veinte pies, con múltiples y desiguales trozos de madera semejantes a dados unidos por alambres; y en cada cara un papel, y en tales papeles las palabras del idiomas con todas sus variaciones. Los operadores hacen girar los mandos, de lo que resulta una nueva disposición de palabras. Las combinaciones con sentido son copiadas y compiladas para ofrecer al mundo un tratado de las artes y las ciencias. Diariamente, los jóvenes ayudantes dedican seis horas a repetir tres o cuatro veces esa letrada labor. El hecho de que Swift morosamente urdiera simétricas burlas, que describiera las intenciones y reflexiones del inventor, y el diseño y el funcionamiento de la máquina, revela la secreta fascinación que despertó en él la idea de Lulio. Revela su terror por aquello que de algún modo anunciaba su nulidad y la de todos los hombres de letras.

Swift íntimamente, poéticamente, sabía que un día estaría ciego, sordo y loco, que un día desaparecería como hombre y escritor, pero que la máquina de la academia de Lagado continuaría agotando las combinaciones de los sustantivos, los verbos y las demás partes de la oración. Pero con Swift no se agotó la seducción literaria del mecanismo de Lulio: casos ejemplares son Jorge Luis Borges o Antonio Machado. Que yo sepa, nadie ha señalado ese arcano convenio, las comunes preocupaciones del español y el argentino: ambos reseñaron obras imaginarias, ambos se interesaron por artilugios escriturales; ambos, sin saberlo, establecieron las convenciones de un género cuya ignorada motivación es completar nuestra extinción literaria.

* Notas relacionadas: Las máquinas poéticas de los libros imaginarios (i).

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: