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Viaje a las estrellas (Star Trek)

Toda película de la saga Viaje a las estrellas (Star Trek) debe considerar problemas que la serie original decretó ortodoxos: el libre albedrío, la multiplicidad del espacio y el tiempo, el conflicto entre lógica y emociones, la inevitable e innecesar0a intervención del deus ex machina. Debe resolver, además, uno que los primeros realizadores desconocieron: la dosificación de los efectos especiales. Exceptuado el último, el aficionado exige que esos problemas queden reflejados, no resueltos. La reciente Viaje a las estrellas (2009) considera o intenta lo último y así incurre en una falta imperdonable para la ciencia ficción actual: la de inverosimilitud.

Aceptemos que el niño James Tiberio Kirk deba exhibir esa rebeldía que lo caracterizará ya de adulto, pero no que son necesarios un robot en una motocicleta aérea incapaz de sobrepasar un Corvette, un ajustado salto para colgar del pricipicio simulado, y la heurísticamente extemporánea solicitud de identificación a un niño en semejante coyuntura. (George Lucas prudentemente requirió una carrera aérea acompañada de berrinches a fin de iluminar ese aspecto en el niño Skywalker.) Para sintetizar gestos rebeldes, creo que a James T. Kirk, conocido en el planeta Tierra desde los años 60, le bastaban la motocicleta y la chaqueta de cuero.

El juego con los mundos alternos tiende a suavizar los conflictos entre emoción y lógica característicos de la serie. No sólo el joven Spock tiene un contenido pero intenso romance con Uhura: su padre, Sarek, le confiesa que no sólo el deber sino también el amor lo motivaron a casarse con la ahora desaparecida madre. Menos tolerable es que Spock sea susceptible a insultos con premisas tan obvias: su impuro doble origen, la falibilidad de su lógica, etc. Surak, padre de la filosofía vulcana, seguramente le indicaría al inestable y alterno aprendiz los ejemplos del oficial de seguridad Tuvok (Voyager) o de la meditativa y meditable T’Pol (Star Trek Enterprise), cuando no el de la disciplinadamente seductora borg Seven of Nine (Voyager).

Mucho más coherente es el primer u otro Spock, a quien no lo desconciertan ni lo alteran su fracaso para salvar el planeta Romulan y sus billones de vidas ni la resultante destrucción del alterno planeta Vulcano, del que sobreviven unas diez mil almas. Casi estamos seguros de que Spock sabe, intímamente, que en otro mundo alterno su experimento para salvar a Romulan ha sido un éxito; que, en otro, Romulan no es amenazado de inminente destrucción; que, en otro, ambos desaparecen en la catástrofe y que entonces él no será el causante del ataque a los vulcanos…

Sabe asimismo que su encuentro con el joven Kirk, abandonado por el otro Spock en un planeta inhabitado, no es una intervención del deus ex machina para salvar la Tierra: es sólo uno de los mundos posibles, quizá uno de los mejores posibles, en los cuales le está permitido reconciliar a ambos personajes. La escuela del Hinayana sostenía que el Bodhisattva no interviene en los asuntos terrestres porque sabe que son ilusorios; la del Mahayana, que aquél retrasa su entrada al Nirvana para salvar a los hombres; Spock sabe que no hay deus ex machina, que todo es ilusorio o es una mezcla de combinatoria y perspectiva, que es decir casi lo mismo, y por ello no cesa de perder y salvar vidas para que en otras realidades la tripulación del Enterprise inicie una vez más su misión de descubrir nuevos mundos, ya sean alternos o de los otros. (Pero ese juicio es voluntarista en exceso, demasiado sicológico: he fijado un hilo en la trama combinatoria, he subordinado un mundo a los otros. En verdad, nuestro Spock no salva ni pierde con ningún objetivo: nuestro Spock es sólo una posibilidad, un individuo o una acción más en las bifurcaciones del espacio y el tiempo.)

Se dice que las ventas de esta película han revitalizado la serie. Se me perdonará que discrepe de ese meramente mercantil argumento y que prefiera recordar la menos exitosa comercialmente presentación original:

  1. 13/12/2009 a las 11:41 am.

    Victor, paso a saludarte y a dejarte un abrazo en estas fiestas decembrinas. Que las pases muy contento.

  2. Víctor Azuaje
    14/12/2009 a las 9:56 am.

    Gracias por el saludo Magda. Mis mejores deseos y un abrazo para ti.

  3. 14/12/2009 a las 7:58 pm.

    Yo siempre preferí Star Trick.

  4. Víctor Azuaje
    15/12/2009 a las 9:33 am.

    Creo que te refieres a “Treat or Trick”, asociado con películas de terror.

  5. 15/12/2009 a las 10:26 am.

    No, me refiero a “Star Trick”, porque cuando quería ver “Mi marciano favorito” alguien me engañaba (tricked me) diciendo que el orejudo Spock era el susodicho alienígeno. Por años creí que aquello que veía era lo que deseaba ver y no aquello que veía. Se entiende, ¿no?

    Sí, ya sé que me vas a destrozar por ingenuo (por decirlo de manera suave). ¡Date! (Give yourself!)

  6. Víctor Azuaje
    16/12/2009 a las 9:30 am.

    ¡Oh ingenuo (por decirlo de manera suave)!: Sospecho que no veías ni “Mi marciano favorito” ni “Viaje a las estrellas” sino “Monstruos del espacio”, en el que se mezclaban rudimentarios artefactos espaciales con antenas y orejas picudas, y para los que se requerían masivas dosis de inocencia (para decirlo de manera suave). Te dejo la presentación para que recuerdes aquellos que veías y deseabas ver sin que nadie te engañara (nobody tricked you into it):

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