Inicio > Libros imaginarios, Métodos críticos > El libro imaginario y su autor: el problema de las influencias (i)

El libro imaginario y su autor: el problema de las influencias (i)

Quizá no haya cuestión más delicada y discutible en la crítica del libro imaginario que la de las influencias literarias. Un mínimo descuido de apreciación señalará la equitativa incomprensión de los predecesores y del autor objeto de estudio. Ya que puede originar o exacerbar enemistades, por la velada o inadvertida alusión al plagio o la carencia de originalidad, el tema es tratado de manera circunspecta por críticos como Antonio Machado, Jorge Luis Borges o Juan de Mairena.

Machado sostiene que el punto de partida de la filosofía de Abel Martín “está, acaso —nótese la prudencia— en la filosofía de Leibniz”; luego pasa al examen de las semejanzas y diferencias entre ambos autores. Asimismo obra Mairena al señalar los puntos exactos que su metafísica debe a la de Martín: Dios como ser absoluto, único y real, que no ha creado al mundo; la creación divina como acción negativa de la divinidad; la metafísica como ciencia del no ser; el pensamiento mágico —que es decir poético— “que acepta como principio de evidencia la realidad de todo contenido de conciencia”. La ya mencionada acotación de Machado sobre la actitud de sabotaje ideológico de Mairena hacia los aportes del maestro, confirma la probidad y tacto del crítico, quien constata un hecho sin herir premeditamente la sensibilidad del autor.

Borges anota las influencias que la crítica ha descubierto en Mir Bahadur Alí: Philipp Guedalla evoca con cólera e ironía a John H. Watson y a a Brighton; Mr. Cecil Roberts a Wilkie Colins y al persa del siglo doce Ferid Eddin Attar; otro crítico destaca la semejanza de cierta escena con alguna de Kipling, observación propicia para resaltar la humildad e ingenio del autor apócrifo: “Bahadur las admite, pero alega que sería muy anormal que dos pinturas de la décima noche de muharrán no coincidieran”. Borges, por su parte, descarta compararlo con Chesterton basándose en el simple parecido del mecanismo policial o de su sustrato místico, y prefiere evocar el distante antecedente de Isaac Luria el León y su teoría de la posesión espiritual con fines didácticos o consoladores. Pero la novela policial y la historia de las ideas le serán útiles en “El examen de la obra de Herbert Quain”: en ella afirma inevitable el nombre precursor de Mrs. Agatha Christie para God of Laberynth; registra el eco en April March de las doctrinas de John Donne, para luego mencionar un prólogo de Quain que invoca la doctrina de Bradley; y en The Secret Mirror declara falaz, y afortunada comercialmente, la herencia freudiana.

Al tratamiento de las influencias en la crítica del libro imaginario lo asechan dos tentaciones: la filiación injustificada y la subordinación desmedida. Para eludir la primera sugiero recordar la observación de Wilde: es necesaria mayor cultura para criticar que para crear. La imputación de linaje indebido de un autor a otro es inevitable cuando se frecuenta parcialmente a alguno de ellos o a ambos. Las buenas filiaciones de Machado y Borges están basada en el conocimiento exacto de los autores examinados.

Machado tiene una profunda familiaridad con Leibniz y las ideas de éste que influyeron en Abel Martín, pero al último lo conoce tan bien como al primero. Igual dictamen merece cuando fija parentescos entre Juan de Mairena, discípulo, y Abel Martín, maestro; tema más espinoso por la facilidad de remitir el discípulo al maestro. Machado, sin disminución de sensibilidad, descubre genealogías, pero no se ofusca: sabe que el oleaje del precursor debe señalar la costa del apócrifo, no arrasarla.

Hablar de la intimidad de Borges con la filosofía y la literatura es redundante; diré, sin embargo, que la crítica tradicional ha pasado por alto —no diré incrédulamente— su mayor intimidad con la obra de Herbert Quain, de Ts’ui Pên y de Mir Bahadur Alí (la objeción de que opina sobre la primera versión de El acercamiento a Almotásim sin haberla leído, es irrelevante: un apéndice de la segunda versión resume las diferencias fundamentales entre ambas).

  1. 27/05/2009 a las 10:25 am.

    Hola:
    Sólo un comentario a vuelapluma, ya que el artículo requiere una lectura más atenta para entrar a fondo en el tema. Pero citar un libro dedicado por entero a prólogos sobre libros imaginarios: Vacío Perfecto, de Stanislaw Lem. En él se encuentran desde críticas (o sátiras, o chanzas) a autores y géneros reconocibles (como el Ulises de Joyce, en el dedicado a Gigamesh), resúmenes de novelas imposibles, resúmenes de novelas posibles pero desesperadas o novelas que son la muerte de la novela. Reconociendo lo precursor de Borges (a quien rinde homenaje), me parece destacable que Vacío Perfecto vaya más allá y lleve el género (si puede considerarse como tal) al límite máximo. Incluyendo la broma de poner prólogo al libro y, por tanto, considerarlo imaginario, a él y a su autor.
    Un saludo!

  2. Víctor Azuaje
    31/05/2009 a las 12:00 pm.

    Lluis:
    Vacío Perfecto tiene un lugar en esta serie de notas. En el tiempo que escribí el libro sobre la crítica de libros imaginarios, incluí breves referencias a Lem; espero ahora hacerle justicia su texto, que comparte con Borges y Machado muchas características: detalles biográficos, descripción material del libro, referencias a máquinas o mecanismos escriturales, etc. (En ese sentido, podría hablarse del género de la crítica de libros imaginarios.)

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: