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Isabel Sarli…

Desear una mujer de la que únicamente se tienen imágenes es para casi todos los hombres una etapa de la adolescencia, y con este juicio común se asume que tales pasiones son perecederas, ya sea porque la imagen repetida se vuelve indiferente o sea porque el objeto de deseo es, como casi siempre, una mujer joven pero mayor y que luego envejece aún más. Pero en el caso de Isabel Sarli sería mejor recordar las palabras de El amante de Duras:

Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: “La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado”.

Yo no diré que el rostro de la muchacha Isabel Sarli me gusta menos que el de ahora, diré más bien que el de ahora no me gusta menos, diré que en su pelo todavía se congregan las formas del arrebato,sarli y que en sus ojos de ahora reverbera la opacidad de un antiguo ingenuo atrevimiento. Para mí, entonces, Isabel Sarli no es un período superado ni una lámina indiferente; es una pasión en distinto registro visual: el de la adoración.

Este registro coincide con el que nos brindó el director Armando Bo. En la imagen de la mujer que nos trastorna, esperamos no sólo la visión de unas formas o una anatomía, sino la precisa combinación de luz que sitúe lo anhelado en un juego de revelación y ocultamiento leve. Bo, en las primeras películas, casi nunca filmó a Sarli en la noche y en espacios cerrados: prefería los lugares abiertos y la luz del día. Quizá esa visión lo impulsó a muchas veces seleccionar ambientes naturales, en una especie de regionalismo o criollismo erótico. Por ello de vez en cuando sospecho en él lecturas fieles de La Vorágine, Doña Bárbara, Canaima y aun de los cuentos de Quiroga.

Tal vez eso explique, contradictoriamente, la debilidad de ciertos diálogos o frases míticas de la Sarli. La más famosa de ellas es la estremecedora pregunta de Carne: “¿Qué pretende Ud. de mí?”, cuyo carácter apócrifo ha sido al parecer recientemente demostrado. isabel2 De ser esto cierto, la frase confirmaría el redundante o estúpido o hechizado punto de vista masculino del espectador en pantalla inmensa de ese inmenso cuerpo. Apócrifa o no, la pregunta puede entenderse en el contexto de la visión naturalista del criollismo o regionalismo que influyó en Armando Bo: la Sarli, como la selva de La Vorágine o Canaima o como los llanos de Doña Bárbara, no sabe de su misterio y atractivo para el hombre, y entonces en la imaginación y memoria de sus espectadores inevitablemente pregunta, como esas selvas o llanos exuberantes, a los hombres deseosos o explotadores: ¿Qué pretende Ud. de mí?

El caso de Isabel Sarli plantea, por lo demás, el problema de la respetabilidad de un género y una figura. Alguno invocará los nombres de Libertad Lamarque o de María Félix para demostrar que Sarli y sus películas no merecen incluirse en un censo de lo fílmicamente respetable. A esto respondo que la noción de la respetabilidad pierde su fuerza si no se respeta sin condiciones, si no respetamos lo irrespetable. Isabel Sarli y Armando Bo me enseñaron, en ese sentido, a respetar y admirar a otras grandes figuras, porque se atrevieron a explorar ese espacio heterogéneo de lo respetable sin condición. Ellos manejaron el límite que separa al espectador que entra a la sala de cine con las luces encendidas, con dulces en la mano e identificando su silla, del que entra en ella con las luces apagadas, con las manos vacías y avanzando entre la oscuridad y el deseo.

  1. 28/03/2009 a las 7:31 am.

    Víctor, eres un genio, hacer literatura comparada con las películas de la Sarli, mira que eres atrevido pero muy acertado en esas comparaciones. Recuerda que esta niña hizo en el 58 “El trueno entre las hojas”, la adaptación de un cuento de Roa Bastos con guión del propio autor. Lástima no haberle preguntado al escritor paraguayo acerca de la muchacha argentina.
    Por otro lado, creo que envejeciste, ya recuerdas a tu objeto del deseo de la infancia con cariño, dulzura y hasta nostalgia. Hablas de formas de arrebato, pero un arrebato domado por los años (los tuyos y los de ella):
    “Yo no diré que el rostro de la muchacha Isabel Sarli me gusta menos que el de ahora, diré más bien que el de ahora no me gusta menos, diré que en su pelo todavía se congregan las formas del arrebato, y que en sus ojos de ahora reverbera la opacidad de un antiguo ingenuo atrevimiento”.
    Ahora no estoy segura si la Coca dice “¿Qué quiere usted de mí?, si mal no recuerdo ella, con un cuerpo explotado de erotismo, interpela al hombre que quiere derramarse en ella: “¿Qué pretende usted de mí? Como ya te dije hay un vídeo de Bersuit Vergarabat en el que usan su imagen: http://new.music.yahoo.com/videos/–2171217

  2. 28/03/2009 a las 9:44 am.

    Víctor, concuerdo plenamente con Carolina: has logrado una excelente reflexión a partir de algo tan improbable como la estética de Bo y la Sarli.

    Para mí Coca no es un arrebato de la adolescencia, pues apenas la vine conociendo hará unos tres años, cuando aparte del servicio usual de cable, contraté un paquete especial, y en el canal Retro pasaban todos los domingos sus películas. Asì, verlas se convirtiò en un ritual, pues quedé desde entonces prendado de su belleza. Así es, para mí es una de las mujeres más increíbles que haya visto, y lo digo con todo sus letras. Una belleza clásica italiana (si es que existe algo como eso), al estilo de las que vemos en las películas de Fellini (la tetona sería otro tema), y más recientemente de Mónica Belluci.

    En cuanto a las pelícuas, ciertamente merecerían un tratado sociológico, cinematográfico, político, filosófico, etc. A la vez que sentía fascinación por su protagonista, no podía dejar de reír y sorprenderme con los diálogos, todo un universo.

    Saludos.

  3. Víctor Azuaje
    28/03/2009 a las 11:34 pm.

    Carolina:

    Tienes razón: he envejecido. Pero no hay únicamente nostalgia en mi recuerdo ni el arrebato está domado por los años: en la misma época en que nuestro ineficiente sistema de protección al menor me permitía disfrutar en pantalla grande de la Sarli, me interesaba el budismo y el taoísmo. No me convertí a las razones del Buda y de Lao-Tsé, pero sí a las doctrinas amatorias que otros seres no menos espirituales derivaron de ellas. Supe de la leyenda o historia taoísta de la anciana princesa que atraía hombres distantes por la fama de su arte, y del anciano que desmayaba mujeres sin tocarlas, y que el secreto estaba en la doma de nuestro arrebato o deseo. (¿Leíste alguna vez Shibumi, de Trevanian, 1979?)

    La leyenda o historia de la anciana determinó mucho más mi adolescencia que la doctrina del Óctuple Sendero o de los Mil seres. No creas entonces casual mi cita de El amante de Duras (siempre será joven esa joven indochina), ni simple envejecimiento el tono reverente hacia la Sarli actual. (No quiero ser injusto omitiendo mi otra pasión: la brillantemente envejecida Madame de Sévigné. Aplicaré sus palabras a tus comentarios: “vos lettres sont agréables comme vous; on les lit avec un plaisir qui se répand partout”, 26 de abril de 1695.) Por otra parte, en mi tono contenido hay también el disimulado homenaje a la mujer o mujeres cuyas imágenes en pantalla admiro o son objeto actual de mi deseo. Y ese homenaje no debe excluir el cariño.

    Cuando leíste el borrador, todavía dudaba sobre la frase en la escena de Carne. Ahora sabemos o creemos saber que pertenece a la imaginación (¿no es eso un honor?) de sus admiradores.

    Gustavo:

    Confirmas que Isabel Sarli no es un trastorno de adolescentes. No sé si llamarla belleza clásica italiana, porque no quisiera dejar fuera a Miroslava, que era checa. De la Anita de Fellini, espero que nos dejes una nota en tu blog.

  4. 30/03/2009 a las 9:17 am.

    Pensé que Isabel Sarli era la novia de Torombolo. La vida te da sorpresas…

  5. Víctor Azuaje
    30/03/2009 a las 9:52 pm.

    Mi querido Luis:

    Si mal no recuerdo, Torombolo no tenía novia. Su argumento, válido aunque sospechoso, era que éstas consumían dinero que mejor podía emplearse en hamburguesas. De ahí deduzco que prefería cualquier abierta y luminosa Calle del Hambre a cualquier insegura nocturna función dominical en el cine Urdaneta o Ávila. Para que no termines como Octavio Paz, quien no pudo responder cuando Sartre, por recomendación de Beauvoir, le cantó las composiciones de José Alfredo Jiménez y le preguntó por él (¿te imaginas a Sartre mariachi cantando rancheras?), para que no termines Nobel pero sin Sarli, te recomiendo seguir el ejemplo de Asterión: reduce tus visitas a la Calle del Hambre y paga por el paquete especial con Retro.

  6. 31/03/2009 a las 3:26 pm.

    Víctor, este ensayo está bueno por donde se le mire. Me parece muy acertado el uso del contenido anecdótico porque establece una relación más íntima con el lector. Atrévome a decir que es tu garfio. El primer párrafo, escrito con cierto desparpajo, es muy fluido, haciédolo una puerta accesible a tu análisis de cultura pop. Ciertos términos teóricos ya empiezan a ser tu firma (por ejemplo: “apócrifa”, o sea, demasiado Víctor). Es una suerte de embudo por el que pasa uno cómodamente. Fíjate por donde entramos todos:

    Desear una mujer de la que únicamente se tienen imágenes es para casi todos los hombres una etapa de la adolescencia, y con este juicio común se asume que tales pasiones son perecederas, ya sea porque la imagen repetida se vuelve indiferente o sea porque el objeto de deseo es, como casi siempre, una mujer joven pero mayor y que luego envejece aún más.

  7. 31/03/2009 a las 4:26 pm.

    Dir Víctor:

    Ahora sí me fuñiste. Realmente estaba convencido de la relación entre Sarli y Torombolo. Tu información me deja perplejo, casi tanto como esa otra seguidilla de nombres. Te toca explicarme si ese Sartre está unido a la Sarli, si Beauvoir tiene que ver con Bubba The Love Sponge, si Paz tiene que ver con el Octavio mencionado en “Los detectives salvajes” y, sobre todo, quién carrizo es José Alfredo Jiménez. Gracias.

  8. Víctor Azuaje
    31/03/2009 a las 5:57 pm.

    Frufrú:

    No sé si alegrarme de tener términos y firma, ese “demasiado Víctor” que has observado. Me alegra, eso sí, que hayas pasado cómodamente por ese embudo y que así te conviertas en imagen no repetida ni indiferente.

    Luis:

    Sartre y Sarli suena a metafísica de frigorífico, a Ser y a “yogures y postrecitos lácteos” o mejor de “Carne”, aunque estoy seguro de que Sarli no se hubiera unido a Sartre, y de que éste último no la hubiera objetado dialécticamente ni de otro modo, y de que la razón de Sarli no era la edad, porque ella se casó con Bo (no tú, sino el esposo) quien le llevaba 20 años y más. Sartre sí se unió a la Beauvoir, quien no fue novia ni de Bubba, ni de Bob Sponge, ni de Forrest Gump, y el filósofo la llamaba “Castor” metafóricamente, pero no por el animal, sino por el aceite, que era sinécdoque de ricino, que era el que tomaba Beauvoir para pasar y ver al feo de Sartre. El Octavio Paz creo que sí es el de Los salvajes, donde Ernesto San Epifanio lo clasifica en la corriente de la poesía marica. Y José Alfredo Jiménez no lo era, aunque eso no importa, sino que fue y es, para muchos, el más grande compositor de la música ranchera incluso sobre Juan Gabriel, del que tú ya tienes opinión formada… Te dejó el enlace de la canción que tarareó Sartre http://www.youtube.com/watch?v=wMDvSaGlPJk. Información adicional la puedes obtener de Pilar (aquí).

  9. cuatrocuentos
    8/04/2009 a las 9:51 am.

    Jóder, creo que yo estaba papando moscas y no advertí que habías publicado este invalorable documento… La Coca Sarli!, mon dieu!, siempre recordaré la escena de Carne, donde la violan encima de unos enormes solomos de cuerito (dícese bife chorizo) o chocozuelas sangrantes (dícese nalga) dentro de una enorme cámara refrigeradora, que sería como violar… a Lila Morillo encima de una plataforma petrolera.

  10. Víctor Azuaje
    12/04/2009 a las 9:52 am.

    Cuatrocuentos:

    Busqué y busqué una escena análoga con Lila Morillo para satisfacer tu curiosidad, pero no encontré nada. Lo más cercano son algunas escenas de Poder negro. Por otro lado, la Sarli en un frigorífico y la Morillo en una plataforma petrolera me luce una excesiva promoción de las monoproductoras economías nuestras. Pero no deja de ser interesante hacer una lista que asocie la escena de violación, los íconos femeninos y las industrias nacionales respectivas: Isabel Sarli, carne; Lila Morillo, petróleo…

  11. 20/05/2009 a las 5:15 pm.

    Como olvidar al Godzilla argentino, que tantas veces nos nos desperto el complejo de Edipo?! en http://www.cafeycigarrillos.com.ar/2009/05/coleccionisabel-sarli/ tenés cuatro de sus películas mas representativas para desacargar.

    Saludos y muchas gracias por la info!

  12. 20/05/2009 a las 10:15 pm.

    Pequeña corrección al pie, Armando Bo y La Coca nunca estuvieron casados (de hecho el estaba casado con otra mujer) y nunca se reconocieron públicamente como amantes… aunque era algo mas que obvio.

  13. Víctor Azuaje
    20/05/2009 a las 11:00 pm.

    Ariel:
    Gracias por el dato. El texto ahora está corregido para reflejarlo.

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