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Las moscas de Luis Moreno Villamediana (iii)

Mi respuesta a ciertos comentarios de la anterior nota se ha extendido hasta convertirse en otra nota.

*****

Natasha, Luis y Jairo:

Sería interesante seguir la metáfora del jazz propuesta por Natasha, particularmente en relación con el ritmo sincopado, la tendencia a colocar los acentos sobre el tiempo débil, pero que al mismo tiempo alude al asíndeton en la cesura (recordar aquí a Hölderlin). Cierto que la metáfora es difícil extenderla al “swing”, ya que Luis juega a “tocar” más o menos de ocho notas seguidas:

la solitaria mosca que está parada encima de una copa
viene de lejos/
de otros
manteles sucios,

Ese dislocamiento del ritmo por medio de barra, punto y coma y otros recursos en verdad es característico de Luis; no todos esos recursos, sin embargo, son siempre los mismos, incluso en nuestro moscoso texto: barras al final, al principio, entre paréntesis, etc. No sólo hallamos la serie de las cesura; cada cesura toma ella misma una forma serial —para jugar aquí con la formulación amorosa de Deleuze. Me gustaría sugerir que algo semejante podemos decir de las moscas de Luis o de la mosca de Luis.

Ahora bien, no creo que esto implique pasar de lo melódico a lo rítmico, necesariamente. El verso más corto “de otros” (¿el más breve rítmicamente?) quizá enfatiza algo y en distinta manera que este otro:

/Lima),

con su espaciado, su barra, su paréntesis, su coma y su fin de línea. Más aún: el sustantivo aquí nombra un lugar y también casi se convierte en parte de la serie de cesuras, una representación nominal de la cesura; al desarticular o sacar de ritmo a la serie, el nombre pasa a formar parte de ella.1 Todo esto habría que ampliarlo relacionándolo con las ideas de Luis sobre orden, fractura, juego sintáctico, sospechando que melodía y ritmo, semántica y sintaxis, están imbricados y que el énfasis es nuestro, y siempre por ello distinto.

La idea de fractura, en particular, remite al juego entre el fragmento y la dispersión que el texto escenifica en el verso anterior y también en éstos:

en sus ojos ve uno cien restos de carne
de tantos platos de cartón/por donde anduvo

ha estado en todas partes
(la mosca/bicha)

Esta disrupción que reúne me inclina a alejarme de la noción de ambigüedad para acercarme a una reflexión más fluida, abierta y errática e inconsistente, casi diarreica, del excremento y de la mosca, menos regida por un núcleo u horizonte semántico; una reflexión mosca, como la insinuada por los tantos ojos y tantos hombres del “Elogio de la mosca” que nos dejó Jairo:

las moscas, las velludas
de tantos ojos que seguro han de verme
como tantos hombres distintos:

entonces muerto o mierda,
sea puesto a la intemperie como un almuerzo
solitario
y final

En todo caso, esa es la “guía” de mis lecturas, mis inteligentes Natasha, Luis y Jairo.

Mi profundo agradecimiento a Luis y a todos, porque me dan el placer de leer a gente más inteligente que yo, aunque yo siempre espero eso al leerlos, porque “uno siempre espera lo que le sorprende”. Esa magnífica formulación que emparentó a Natasha con Jean-Luc Nancy, me permite decirles que la de Uds. es entonces, queridos amigos, una inteligencia sorpresiva, que sorprende: una inteligencia que nos prende sin aviso.

~~~~~

1En honor a las aficiones psicocríticas de Moreno Villamediana, ilustro esa conjetura: “Lima” ya no sería un nombre, sino simple código, como en “Lima”, “Uniform”, “India”, “Sierra”, o sea, Luis, que por esto se opone a campo y pampa.

* Notas relacionadas: Las moscas de Luis Moreno Villamediana | Las moscas de Luis Moreno Villamediana (ii).

  1. 21/03/2009 a las 1:29 pm.

    La metáfora del jazz me parece sumamente apropiada para hacer referencia a la poesía de Luis. Ciertamente, la disposición visual de los elementos sobre la página impone ritmos de lectura que se van transformando, lo cual genera una correspondencia con las ideas o el contenido (aunque no me gusta usar la palabra contenido, ahora no se me ocurre otra), que a través de los diferentes signos gráficos hace que empecemos y nos devolvamos, que corramos y nos detengamos súbitamente. Casi me atrevería a decir que hay una especie de cubismo lingüístico, que permite ver diferentes posibilidades en cada frase.

    Definitivamente, considero que “En defensea del desgaste” es uno de los poemarios más ricos y novedosos que me he topado recientemente, y mucho hay todavía para seguir este jam poético.

    Una pregunta: ¿cómo interpretar el punto (o viñeta o dibjuo) que aparece en algunos versos, con sangría?

    Saludos.

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