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Las moscas de Luis Moreno Villamediana (ii)

Adivinanza
—¿Sabes por qué me llaman la mosca?
—No. ¿Por qué?
Responder poniendo la mano en el hombro: —porque todo lo que toco es mierda.

Antes de pararse encima de una copa, la mosca de “Death row” ha recorrido múltiples geografías y se ha detenido en vísceras humanas, en vacas y en alambres llenos de sangre y pelos. Espacios heterogéneos, desorden y descomposición son las marcas de su peregrinar. Ha recorrido variados espacios y se ha posado sobre toda clase de descomposiciones, pero el principal o primer espacio de errancia y descomposición es el poema: “Death row” de Luis Moreno Villamediana es un texto de caminos alternos y es un texto descompuesto. “Death row” es un poema digno de una mosca.

El poema se arma, o mejor se desarticula, sobre múltiples cesuras. La cesura, el “corte o pausa que se hace en el verso después de cada uno de los acentos métricos reguladores de su armonía” (DRAE), usualmente se señala con una nueva línea o, en las reseñas y estudios críticos, mediante la barra inclinada o de división “/”; en “Death row” las cesuras redundan hasta fragmentar el texto y descomponerlo en varias rutas que el insecto lector debe seguir:

la solitaria mosca que está parada encima de una copa
viene de lejos/
de otros
manteles sucios

La barra al final del segundo verso indica doblemente la cesura. Cesura de la cesura, divide las frases, multiplicando las lecturas (distingo entre paréntesis cuadrados [] mis adiciones al poema):

la solitaria mosca que está parada encima de una copa
viene de lejos [manteles sucios]
[viene] de otros
manteles sucios

Cada cesura o barra sugiere entonces un camino o lectura alterna, una bifurcación en el recorrido, y al mismo tiempo fusiona en extraña manera los elementos separados:

de tantos platos de cartón/por donde anduvo        [de tantos platos de cartón] [de tantos platos por donde anduvo]
en la pampa (y en
/Lima),

Estos últimos versos introducen la otra marca de cesura o frontera en el poema: los paréntesis. Cesura de tercer grado, ellos delimitan, encierran y muestran el espacio más amplio que atraviesa la mosca: el espacio de la pampa, el espacio de Lima y el espacio vacío:

en la pampa (y en
/Lima), [en la pampa] ([y en ] [y en Lima ])

La mosca recorre y atraviesa un espacio innombrado, no necesariamente neutro o tal vez de una neutralidad particular, activa, que conjuga lo abierto y lo cerrado, el campo y la ciudad, sin oponerlos. (No se oponen porque en ellos encontramos desorden y podredumbre, y también porque en ellos está o ha estado la mosca.) Ese espacio vacío o innombrado, el espacio de la cesura que separa y reúne, justifica aún más las lecturas bifurcadas:

cuánto debió viajar antes de finalmente/detenerse     [cuánto debió viajar antes de finalmente detenerse] [cuánto debió viajar antes de detenerse]
sobre una vaca/y sobre aquel alambre       [sobre una vaca] [y sobre aquel alambre]
lleno de sangre
(lleno de pelos);

Estemos ciertos, sin embargo, de que la cesura, la barra o la frontera nunca es la misma o nunca está en el mismo lugar, ella se desplaza. Ha estado al final o en el medio, pero asimismo al principio:

igual estuvo sobre un hombre muerto
/eso de allí es un campo abandonado,
/una mujer sola cuatro hijos;

Esas combinaciones incrementan las lecturas vertiginosamente para el insecto lector:

ha estado en todas partes
(la mosca/bicha) [ha estado en todas partes la mosca] [ha estado en todas partes la bicha]
como un dios llamado para/la absolución final;        [como un dios llamado la absolución final] [como un dios llamado para la absolución final]

La mosca se invoca doblemente: la llamamos y es llamada. Nos absuelve y requiere o preside la absolución.

“Death row” es un poema de ritmo desarticulado, antirrítmico por su imbricación de cesuras, de “corte o pausa que se hace en el verso después de cada uno de los acentos métricos reguladores de su armonía”, poema descompuesto y de varios espacios. Pero cuidado con la posible seducción del anterior recorrido, uno entre varios: el texto no duplica simplemente sus figuras. No olvidemos que es un poema de contaminación, de degradación e impureza, y que el insecto lector, de ojos de mosca, de miles de ojos, no puede verlo de una sola manera. Hay que pararse o posarse en él como mosca… y un poco como entomólogo.

* Notas relacionadas: Las moscas de Luis Moreno Villamediana.

  1. 12/03/2009 a las 11:29 am.

    Aún no he comentado con Luis su poemario, pero lo que apuntás aquí es uno de los elementos más llamativos y característicos: la puntuación.

    Cuando ya ha sido un recurso manido, usado por todo poeta, sepa o no lo que hace, al prescindir de puntuación, por ejemplo, Luis introduce un giro inédito, al menos para mí y mis limitados conocimientos, y juega con el verso, el espacio, el paréntesis cuadrado, la barra, etc., y con ella logra, como bien decís, no duplicar las imágenes, sino reproducirlas, variarlas, superponerlas, contrarrestarlas, volverlas objeto de más y más lecturas. Es una estructura lúdica, de palimpsesto. Y en términos del significante logra un proceso de deconstrucción (para hacer un guiño a Derrida).

    Nota para Luis: ya me detendré con más tiempo a hacerte los comentarios respectivos, como correpsonde.

    Nota para el post anterior: más joven disfrutaba más a Derrida, quizá por el aire pretencioso de ser estudiante de Letras. Ahora que leí el pasaje que compartiste con nostros, me pareció muy aburrido (pero esto ahora puede ser meramente la pretensión de pasar de todo).

    Saludos.

  2. 13/03/2009 a las 9:48 am.

    Gracias, Víctor, por tu inteligente lectura del poema. Es cierto que me interesa esa visión contaminada de las cosas, lo que necesariamente se traduce, para mí, en esa composición que bien llamas errante y arrítmica, y que se hace evidente en la puntuación y las cesuras. Me parece importante considerar todas las posibilidades de un poema, todas las modalidades de lectura, muchas de ellas perdidas para siempre o completamente insospechadas. Uno elige unas pocas, las que puede adivinar, las que desea, las que hereda de lectores más atentos (también más generosos). De esa revisión, queda flotando la pregunta: ¿y ahora qué? Supongo que la bendita mosca seguirá apareciendo; ya veremos cómo van a quedar las cesuras en el futuro/en el tiempo imposible.

    Como diría Heidegger, danke schön!

    Gracias, Gustavo, por tu inteligente lectura del libro. Uno siempre trata de imaginar que eso que escribe puede contar con múltiples lecturas, como si se reprodujera todo delante de miles de ojos de mosca; que digas que constatas eso en mis poemas me permite respirar y conmoverme. Venimos de tantas cosas, no sólo de César Vallejo, de Wallace Stevens, de Ernesto Cardenal, sino también de Derrida, imagina. A lo mejor no somos completamente inocentes al escribir, pero no lo fueron muchos otros tampoco; quizá la inocencia apenas sirve en la literatura… Seguiremos con esto y otras cosas.

    Como diría Derrida, merci beaucoup!

    (Qué de satisfacciones traen las malas juntas, ¿no?)

  3. Víctor Azuaje
    13/03/2009 a las 3:29 pm.

    Luis:

    Agradezco que definas mi lectura como “inteligente”; y ya que aún faltan otras notas sobre tus textos, lo mantendré presente para cualquier desacuerdo posterior. Me alegra haber acertado —más por lo que tiene de suerte, como acertar la lotería, que por lo de cierto— en localizar tu visión contaminada, y que errancia y arritmia te luzcan precisas. Espero que mis próximas reflexiones se mantengan próximas a tu flotante “¿y ahora qué?”.

    Gustavo:

    Aprecio que notes mi aproximación desplazante a “uno de los elementos más llamativos y característicos” de la poesía de Luis, por lo difícil que es reflexionar sobre un “recurso manido, usado por todo poeta”.

    Con respecto a tu comentario al post anterior, me acercaré a él en el contexto de tu respuesta al post sobre Heidegger y la casa del ser. Allí decías que eres “de los poetas que comulga con esa afirmación” heiddegeriana. ¿Pero es casual que no te incomodara o aburriera la invocación de Badiou ni de Deleuze y Guatarri, menos afines o, si se quiere, menos fieles a ella que la de Derrida? Creo que justamente esa cercanía y esa incomodidad es lo que requiere exploración, que aquí no intentaré. Agrego que muchos aspectos de esta nota no serían posibles sin las reflexiones de todos ellos.

    Por otro lado, en este contexto, el aburrimiento, la pretención y la pretensión requieren, para ser más efectivos o rigurosos e incluso pretenciosos y pretensiosos y hasta aburridos, el suplemento (guiño a Derrida) de otras estrategias intelectuales. Se trata no de defender a Heidegger, Badiou, Deleuze y Guattari, sino de explorar con alguna claridad unos problemas y unas respuestas. Por ello notarás, en mi caso, que recurro y examino a todos los que me parezcan pertinentes, desde Platón al por ahora casi desconocido Miguel de Beistegui, muy profuso reciente comentador de Heidegger.

    Pero tienes razón en parte: quizá todo esto es cuestión de pretensión o pretención e incluse aburrimiento. Sabes que no soy ortodoxo ni fanático en estas cuestiones: para mí, hasta cierto punto, es casi como meditar sobre las bondades de la variante Scheveningen o la del Dragón en la Defensa Siciliana (ver mi La afición a la literatura). Las malas juntas sobre todo.

    Un abrazo a los dos.

  4. croquis
    14/03/2009 a las 5:57 pm.

    El hombre en su orgullo creo a dios a su imagen y semejanza.
    NIETZSCHE

  5. 14/03/2009 a las 8:26 pm.

    A mí me resulta muy difícil hablar sobre la poesía de Luis sin que se me salga el tono de vicepresidenta del club de fans. No voy a nombrar a Bakhtin o Kristeva -me provoca-, me limitaré a confesar que siempre me ha interesado el tema que aquí tratas, Víctor, y que se repite en otros poemas del mismo autor. Sin embargo, más me inquieta y conmueve el ritmo con el que juega como si la métrica española fuera un estándar de jazz ya muy ejecutado. Fíjate que, en referencia a la barra oblicua, le he dado prioridad a su valor rítmico sobre el semántico. En la mayoría de los casos, como el primer ejemplo, la barra pareciera plantear una dicotomía:

    viene de lejos/
    de otros
    manteles sucios

    Cabe preguntarse, entonces, si la mosca viene de lejos o de manteles sucios, si acaso hay moscas en manteles limpios, cercanos. Vaya, que si seguimos especulando podríamos hacer una tesis. Otro signo ortográfico llamativo en la poesía de Luis es el punto y coma, sobre todo cuando lo deja al final de un verso, haciéndolo un peñasco cuyo abismo conduce a eso que se repite en toda su obra: la ambigüedad. En fin, a mi juicio la barra oblicua es un adminículo de su técnica que busca replantear y redescubrir el ritmo. Y es lo primero que espero al leerlo (paradójicamente, uno siempre espera lo que le sorprende). Cito un extracto del poema “Así mismo, como se diría”, que constata su búsqueda con el lenguaje.

    como un perro, más bien, sentado sobre el piso
    reteniendo el orine,
    como un pedazo de papel/uno usado/no demasiado sucio,
    como un paraguas amarillo
    que espera
    o apenas mojado/el mío,
    como alguien que camina con ganas de sentarse
    a ver el día nublado/de febrero,

    Saludos a los lectores inteligentes.

  6. 16/03/2009 a las 12:19 pm.

    Gracias, Natasha, por tu inteligente lectura del libro. Ese ritmo de jazz que notas en los poemas quizá sea un homenaje solapado a Thelonious Monk; me gusta pensar, de vez en cuando, que la combinación de barras inclinadas y punto-y-comas tienen la misma cualidad abrumada, casi torpe, de aquel pianista. Es un deseo recóndito, que acepta en la ejecución un tremendo titubeo y esa ambigüedad que mencionas. Quisiera recordar, y recuerdo, a propósito de esto, unas palabras de Albert Béguin sobre la (adivina uno) hermosa Bettina Brentano; algo así: “[ella] introduce en los momentos más serios una parte inmensa de juego”. En este caso, ese juego es probablemente sintáctico, admitiendo con ello la convicción de que el orden de las palabras en un verso, y la fractura de los versos, tiene además otros valores.

    Como diría Eliot, thank you so much!

  7. 16/03/2009 a las 9:17 pm.

    Bueno amigos aqui le dejo más moscas de aquel poemario llamado Cantares Digestos y también del señor Villamediana

    ELOGIO DE LAS MOSCAS
    las moscas, las velludas
    de tantos ojos que seguro han de verme
    como tantos hombres distintos:
    uno miope y otro ligeramente aburrido,
    uno que ama y otro que se baña,
    uno que mira la simple forma de las nubes,
    otro que escribe lo que puede ser su confesión,
    las moscas, las velludas
    que rondan nuestro almuerzo como quien se apresta
    a lanzarse sobre miembros podridos,
    serán
    “las amigables”
    cuando yo mismo,
    entonces muerto o mierda,
    sea puesto a la intemperie como un almuerzo
    solitario
    y final

  8. Carolina
    16/03/2009 a las 9:52 pm.

    Gracias a todos por las moscas suspendidas en las puntas de los slashes y desbarrancándose en los puntos y comas. Ahora mi pregunta es para el Sr. Nietzsche y su representante, el Sr. Croquis, ¿está sugiriendo que dios y el hombre son la misma mosca?

  9. Víctor Azuaje
    20/03/2009 a las 11:02 am.

    Carolina:
    ¿Sería esto en lo que pensaba croquis?:
    El hombre en su orgullo creó a la mosca a su imagen y semejanza.

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