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El lenguaje es la casa del ser… el comentario de Derrida

Casa del ser» no actuaría, en este contexto, a la manera de una metáfora en el sentido corriente, usual, es decir, literal de la metáfora, si es que lo hay. Este sentido corriente y cursivo —que entiendo también en el sentido de la dirección— trasladaría un predicado familiar (y aquí nada es más familiar, familiarizado, conocido, doméstico y económico, suele creerse, que la casa) hacia un sujeto menos familiar, más alejado, unheimlich, que se trataría de apropiárselo mejor, de conocerlo, de comprenderlo, y que se designaría así mediante el desvío indirecto por lo más próximo, la casa. Pero lo que pasa aquí, con la quasi metáfora de la casa del ser, y lo que pasa por alto a la metáfora en su dirección cursiva, es que el ser dejaría o prometería dejar pensar, a partir de su retirada misma, la casa o el hábitat. Cabría la tentación de utilizar todo tipo de términos y de esquemas técnicos tomados de tal o cual metarretórica para dominar formaliter lo que se asemeja, de acuerdo con una insólita Ubertragung, a una inversión trópica en las relaciones entre el predicado y el sujeto, el significante y el significado, el vehículo y la materia, el discurso y el referente, etc. Cabría la tentación de formalizar esa inversión retórica en la que, en el tropo «casa del ser», el ser nos dice más, o nos promete más sobre la casa que la casa sobre el ser. Pero se dejaría escapar entonces lo que pretende decir el texto heideggeriano en este lugar, lo que ese texto tiene, si se quiere, de más propio. Por medio de la inversión considerada, el ser no se ha vuelto lo propio de ese ente supuestamente bien conocido y familiar, próximo, eso que se creía que era la casa en la metáfora corriente. Y si la casa se ha vuelto un poco unheimlich, eso no es por haber sido reemplazada en el papel de lo más próximo por «ser». Así, pues, el asunto no está ahora en una metáfora en el sentido usual, ni en una simple inversión que permute los lugares de una estructura trópica usual. Tanto más porque este enunciado (que no es por otra parte un enunciado judicativo, una proposición corriente, del tipo constatativo S es P) no es tampoco un enunciado entre otros que se refiera a relaciones entre predicados y sujetos ónticos. En primer lugar porque implica el valor económico de la morada y de lo propio que intervienen con frecuencia o siempre en la definición de lo metafórico. Después, aquel enunciado habla ante todo del lenguaje y, consecuentemente, en éste, de la metaforicidad. En efecto, la casa del ser, se habrá podido leer más arriba en la Carta sobre el humanismo, es die Sprache (lengua o lenguaje):

Lo único (Das Einzige) que el pensamiento que pretende expresarse por primera vez en Sein und Zeit quisiera alcanzar, es algo simple (etwas Einfaches). En cuanto tal [simple, único], el ser permanece misterioso (geheimnisvoll), la proximidad simple de una potencia que no fuerza. Esta proximidad west [es, se esencializa] como die Sprache selbst

Es otra manera de decir que no se podrá pensar la proximidad de lo próximo (la cual, por su parte, no es próxima o propia: la proximidad no es próxima, la propiedad no es propia) si no es a partir y dentro de la lengua. Y más abajo:

Por eso hay que pensar das Wesen der Sprache a partir de la correspondencia con el ser y justamente como tal correspondencia, es decir, como Behausung des Menschenwesens (casa que alberga la esencia del hombre). Pero el hombre no es simplemente un ser vivo que, entre otras facultades, tenga también die Sprache. Die Sprache es más bien la casa del ser, habitando en la cual el hombre eksis te, en cuanto que pertenece, guardándola, a la verdad del ser.

Este movimiento no es ya simplemente metafórico. 1. Se refiere al lenguaje y a la lengua como elemento de lo metafórico. 2. Se refiere al ser que no es nada y que hay que pensar según la diferencia ontológica, la cual, junto con la retirada del ser, hace posibles tanto la metaforicidad como su retirada. 3. No hay por consiguiente ningún término que sea propio, usual y literal en la separación sin separación de estas frases. A pesar de su traza o su aspecto éstas no son ni metafóricas ni literales. Al enunciar no literalmente la condición de la metaforicidad, libera tanto la extensión ilimitada como la retirada de aquélla. Retirada por medio de la cual aquello que se aleja (entfernt) en lo no-próximo de la proximidad se retira y se resguarda ahí. Como se dice al comienzo de das Wesen der Sprache, no más metalenguaje, no más metalingüística, así, pues, no más metarretórica, no más metafísica. Siempre una metáfora más en el momento en que la metáfora se retira ensanchando sus límites.

Tomado de “La retirada de la metáfora”.

* Notas relacionadas: Heidegger e inquilinos, conserjes y arrendadores poéticos.

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