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Perdurables imágenes de novela

No hay lector que no haya mencionado alguna vez la imagen o las imágenes novelescas que perduran en su memoria. Imágenes que sin razón no se olvidan (los senos de Carmen en Casas muertas), o esta de Onetti en El pozo, cuya perduración atribuyo a la barba, corta a veces y a veces larga, que me acompaña desde adolescente:

La barbilla, sin afeitar, me rozaba los hombros.

Recuerdo que, antes  que nada, evoqué una cosa sencilla. Una prostituta me mostraba el hombro izquierdo, enrojecido, con la piel a punto de rajarse, diciendo:

—Date cuenta si serán hijos de perra. Vienen veinte por día y ninguno se afeita».

Era una mujer chica, con unos dedos alargados en las puntas, y lo decía sin indignarse, sin levantar la voz, en el mismo tono mimoso que saludaba al abrir la puerta. No puedo acordarme de la cara; veo nada más que el hombro irritado por las barbas que se le habían estado frotando, siempre en ese hombro, nunca en el derecho, la piel colorada y la mano de finos dedos señalándola.

Algunas mañanas, las hojillas lentas se desplazan sobre el fastidio y la dureza de ciertas áreas de mi cara. Recuerdo a Onetti y el izquierdo hombro enrojecido a punto de rajarse. Entonces apresuro el paso.

  1. 11/02/2009 a las 8:53 pm.

    Creo que “El Pozo” completo está lleno de imágenes perdurables, pero no sólo “El Pozo”, toda la narrativa de Onetti. ¿Qué me dices de imagen de las manos en “Los adioses”: “Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada”. ¿Cómo te quedó la barbilla? No he encontrado mejor inicio de novela que éste. Ninguno.

  2. 12/02/2009 a las 7:51 pm.

    Muy sugerente este post sobre barbas y barbillas.

    Y hablando de momentos e imágenes de novelas, quizá ninguna se me ha quedado tan grabada como esta:

    “Duerme. La suerte persiguióle rauda,
    larga la expiación,
    la pena aguda fue
    y así obtuvo la celeste palma.

    Fin de “Los miserables” (y… ¿qué le voy a hacer?, soy decimonónico)

    Saludos

  3. Víctor Azuaje
    16/02/2009 a las 5:32 pm.

    Carolina:

    Ciertamente, en Onetti se hallan múltiples imágenes perdurables de mujeres. Tú señalas las de hombres. Creo que las de Junta y el doctor Ganz son sus mejores. Hombros, barbillas, manos: cada quien con sus fetichismos. En cuanto a la barbilla: rebajo mi barba, nunca la afeito.

    Gustavo:

    Seamos irreverentemente decimonónicos: de Nuestra Señora, me quedo con la imagen de los senos de Esmeralda manchados con la sangre de Febo en las ensoñaciones de don Claude; de Madame Bovary, con el carruaje bamboleante por las calles de París.

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