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El Memento mori de Camus

Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre … con una obra apenas en desarrollo…?

Albert Camus, discurso de recepción del premio Nobel.

Insatisfechos con la azarosa muerte de Albert Camus, algunos han imaginado un suicidio, añadiendo así escarmiento e incoherencia al croquis de un ordinario accidente de carretera. Aunque comprendo la motivación, me parece que el mítico suicidio es para tal propósito redundante: basta recordar ese obnubilado momento en que Camus, al recibir el Nobel, declara lo que realmente es:  “un hombre … con una obra apenas en desarrollo”. Cuatro años después ocurrió el accidente fatal para el autor de la que se considera una de las reflexiones más clarividentes sobre la muerte y el absurdo. Fuera de lo cursi, no sé qué añade la tesis de suicidio a la conjunción de esos eventos.

Desconcertado y con “cierta especie de pánico” por el premio Nobel, Camus lo justificó parcialmente con el argumento que acaso post mórtem lo abochornaría. El destino no fue literariamente cursi, no se guió por el convencional sentimiento o noción de la importancia del autor o su obra. Ante el arbitrario Nobel, no le permitió al escritor recordar sus palabras en El mito de Sísifo:

Todo lo que se puede decir es que este mundo, en sí mismo, no es razonable. Pero lo que resulta absurdo es la confrontación de ese irracional y ese deseo desenfrenado de claridad cuyo llamamiento resuena en lo más profundo del hombre.

Tampoco le brindó un amigo que le advirtiera Memento mori, la máxima que en el desfile triunfal se le recitaba, según la leyenda, a los generales romanos: “Recuerda que has de morir”.

Ni siquiera le concedió una versión más contemporánea de ella: la de Gabriel Marcel, quien ya había señalado lo irrazonable de revisar el calendario y asumir que tenemos a nuestra disposición los restantes días del año. Extendida a la literatura, esa incontestable observación quizá hubiera eliminado o matizado la frase que tiñe para siempre de ironía la muerte de Camus.

¿Para qué entonces agregar el suicidio a la irrisoria vendetta del destino?

* Notas relacionadas: La muerte apócrifa de Camus….

  1. 2/01/2009 a las 1:03 pm.

    Hay un deseo por mitifcar figuras. Para la mayoría, un accidente de tránsito no tiene el “glamour” suficiente que alguien como Camus merece.

    Fuera de eso, su accidente es una comprobación del argumento de “El mito de Sísifo”, del mismo modo en que lo son todos los accidentes del mundo.

    Gracias por el “memento”, saludos y feliz año 2009.

  2. 7/01/2009 a las 11:48 pm.

    no necesita muertes gloriosas para seguir siendo quien es

    a otra cosa

    vengo por tu comentario en mi blog
    me alegró mucho que finalmente
    alguien pensara que suimos así
    de niños, peor incluso de lo que
    podemos ser de niños y es tan
    normal, tan humano…. pero

    en fin, tú eres un padre normal
    de estos tiempos, lo que quiere
    decir: que eres un anormal!!!!

    supongo (estoy segura) que
    has comprendido

    un beso y un poco de límites a los locos bajitos

  3. Víctor Azuaje
    8/01/2009 a las 9:45 am.

    Gustavo:
    La noción de glamour es pertinente a la hora de explicar esta, en particular, muerte mítica.

    Gata:
    Cada quien, por su lado, combate mitos: yo, los cultos literarios; tú, la imagen de la inocencia infantil. Aunque debe constar que el poema de Silverstein no empaña sino refleja mejor dicha inocencia.

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