Inicio > Notas sueltas > La muerte apócrifa de Camus…

La muerte apócrifa de Camus…

A la literatura no le bastan los libros apócrifos, libros inexistentes o de falsa atribución: también necesita muertes apócrifas, muertes falsas, imaginarias o engañosas. El solitario y huidizo Jerome David Salinger publicó su última novela el 19 de junio de 1965, y desde ese momento se le han atribuido innumerables fallecimientos. Abstenerse de publicar y ser esquivo no parecen las únicas razones para merecer una muerte falsa: el sociable y publicado Mark Twain comentó su extemporáneo obituario con la frase: “Las noticias de mi muerte son enormemente exageradas”.

Hay muertes apócrifas no sólo falsas o exageradas sino también maliciosas. Todavía se escucha y se lee por ahí que Albert Camus se suicidó desesperado o afligido por sus ideas sobre el absurdo de nuestra existencia. No importa que Ud. señale que Camus murió en un vehículo deportivo que iba a 130 kilómetros por hora en una carretera zigzagueante de dos canales separados por árboles contra los cuales se estrelló el coche y con él Camus.

No señale los hechos: al apócrifo no le satisface la irónica muerte de Camus (sólo cuatro años antes se creyó inmerecedor del Nobel porque su obra aún no estaba concluida), sino que anhela la contradicción en el final del hombre que rechazaba el suicidio como salida al absurdo. (En estas historias apócrifas, ya no sabemos si creer que la culpa inicial fue de Rene Étiemble al afirmar que el veloz Facel-Vega era una premeditada urna sobre ruedas.) Apuntar hechos o demoler argumentos en el caso de las muertes impostoras no funciona, como no ha funcionado en el de los falsos libros o poemas: ¿acaso ellos han servido para detener el penitente Borges de “Si pudiese volver a vivir” o el Neruda plañidero de “Muere lentamente”?

He dicho que la muerte apócrifa de Camus es maliciosa: casi siempre la difunde o promueve un creyente del sentido de la vida (de esta o de la otra o de las dos), contrariado u ofendido por los bien razonados y bien escritos argumentos y situaciones de El mito de Sísifo o de La peste. No importan los hechos: la ironía trágica, la defensa del orden cósmico, moviliza las muertes irónicas o concertadas y los arrepentidos apócrifos de escritores menores y mayores. El apócrifo no tolera que alguien haya vivido o escrito en vano.

  1. 13/12/2008 a las 9:22 am.

    Lo terrible de la muerte de Camus es que una vez que el Facel-Vega termina de chocar contra un árbol mitológico, el auto baja por la pendiente de esa carretera suicida y emprende el viaje de nuevo, hasta chocar eternamente con el mismo árbol: la diferencia es que cada vez lo hace con una sonrisa en sus labios.

    Saludos.

  2. Víctor Azuaje
    13/12/2008 a las 10:50 pm.

    Gustavo:
    Árbol mitológico: me agrada, quizá macabramente. tu definición del árbol fatídico.
    Saludos,

  3. 13/12/2008 a las 11:38 pm.

    Víctor,

    Déjemelo descansar en paz, por favor; mire que usted se está metiendo con mi marido ideal.

  4. Víctor Azuaje
    15/12/2008 a las 10:15 am.

    Oh Natasha de la isla de Tinos!
    Imaginé apresuradamente y con terror su marido ideal: tranquilo, silencioso y sin conflictos existenciales. (Me refiero, claro está, al Camus muerto.) Pero la referencia al Requiem in pace me hace suponer que su verdadero marido ideal es el Camus anterior al accidente: rebelde, conflictivo y sin concesiones al absurdo.
    Saludos

  5. 18/12/2008 a las 11:43 am.

    Así empieza Susan Sontag su ensayo referente a los cuadernos de Camus:

    “Los grandes escritores son esposos o amantes. Algunos ofrecen las sólidas virtudes de un marido: responsabilidad, inteligibilidad, generosidad, decencia. Hay otros escritores de quienes admiramos los talentos de los amantes, referentes más al temperamento que a la moral”.

    Y más adelante sigue, “Albert Camus es el esposo ideal de las letras contemporáneas. Al ser contemporáneo tuvo que transitar por las temáticas de la locura: el suicidio, la culpa, el terror absoluto. Pero lo hace con tal aire de sensatez, medida, esfuerzo, impersonalidad, que debe considerársele aparte de los otros”.

    Tomado y traducido de Against Interpretation and Other Essays.

  6. Víctor Azuaje
    18/12/2008 a las 12:52 pm.

    Natasha de la isla de Tinos:

    Tengo la intuición (si puedo usar esa palabra que usualmente se reserva en casos de amantes masculinos a la mujer) de que Camus es para Ud. no sólo un esposo ideal sino el esposo y amante ideal, literariamente una mezcla de medida locura y temperamento, de acuerdo con dicotomía de la señora Sontag, por supuesto.

    A la anterior ilustradora dicotomía, opongo sin embargo una queja: ¿dónde me ubica ella a mí, heterosexual masculino, literariamente hablando, con respecto a Camus?

    Mis cordiales y confusos saludos.

  7. 18/12/2008 a las 6:25 pm.

    Víctor,

    Si el marido ideal es por añadidura amante ideal… pues véngale. La Sontag lo ha dicho por todos, pues ella misma prefería a sus congéneres y supo acompañarse. En Atlanta pude ir a una muestra de Annie Leibovitz. Sé que Argos la envidiaría.

    Ah, Camus (suspiro lento).

  8. Víctor Azuaje
    18/12/2008 a las 7:22 pm.

    Natasha de la isla de Tinos:

    En este punto, sin cuestionar las preferencias de Sontag, paso.

    Gracias por tan incisivos comentarios.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: