Inicio > Libros imaginarios, Métodos críticos > La crítica del libro imaginario (v). Método: el problema biográfico

La crítica del libro imaginario (v). Método: el problema biográfico

En las memorables páginas de su ensayo “On not knowing the Greek”, Virginia Woolf reflexiona sobre la literatura impersonal, aquella que prescinde de las circunstancias biográficas de los autores para la comprensión de la obra, porque son insuficientes los datos de su vida. En el caso de los antiguos griegos, la noción de literatura impersonal es casi indispensable; no en vano se le ha atribuido diversa autoría a la Ilíada y a la Odisea, y se ha dudado de la historicidad de Homero: su vida está cifrada en oportunas anécdotas y en fechas inciertas. Para Woolf, sin embargo, la enigmática y concisa biografía de los grandes autores griegos no fue un infortunio: fue de esa manera que los hados eligieron preservarlos de la vulgaridad.

Quizá por semejantes razones éticas, y no por un desencantado realismo, la crítica del libro imaginario presta escasa atención a los detalles biográficos.

Todo lo que informa Antonio Machado sobre Abel Martín es que nació en Sevilla en 1840 y murió en Madrid en 1898, y que fue de profesión poeta y filósofo; del discípulo Juan de Mairena, que nació en la misma ciudad de Martín, en 1865, y murió en Casariego de Tapia en 1909, y que agregaba, a las ocupaciones del maestro, las de retórico e inventor.

La locuacidad de Borges no es mayor: de Herbert Quain apenas notifica que murió en Roscommon; de Mir Bahadur Alí, que es un abogado; del heresiarca Nils Runeberg, que nació en Lend y murió de la rotura de un aneurisma el primero de marzo de 1912; y del autor del onceno tomo de la enciclopedia sobre Tlön sólo nos deja una farragosa supocición:

Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristasa, de moralistas, de pintores, de geómetras… dirigidos por un oscuro hombre de genio.

Borges sigue el principio que Octavio Paz formuló al hablar de Fernando Pessoa: “Los poetas no tienen biografía. Su obra es su biografía”. De Mir Bahadur Alí sabemos que vivió entre 1932, cuando publica la edición príncipe de El acercamiento a Almotásim, y 1934, cuando aparece una segunda versión de la novela. De Herbert Quain sabemos que vivia a fines de 1939, cuando publicó “Statements: acaso el más original de sus libros, sin duda el menos alabado y el más secreto”. Sabemos también que Quain era modesto: lo evidencia una carta escrita el seis de marzo de 1939 al autor de la nota.

En este aspecto de las cualidades personales, la práctica de Antonio Machado es menos fiel al principio de Paz: nos dice que Abel Martín fue un hombre en extremo erótico, mujeriego y “acaso, también onanista”. (Digresión: no conozco mejor descripción hispana del erotismo masculino.) Machado también introduce una práctica dudosa: las afirmaciones anteriores descansan sobre el testimonio de los conocidos —aunque la demostración del erotismo martiniano dependa exclusivamente de su obra. Ese hábito, que linda con la murmuración, será agravado con Juan de Mairena: a través de los apuntes de clase recolectados por sus alumnos, vislumbramos los gestos del maestro, sus miradas comprensivas, sus irónicas sonrisas y sus agudas observaciones.

A pesar del ejemplo de Machado, yo no recomendaría este proceder en la crítica de libros imaginarios: no me atrevería a jurar por la veracidad de esos subjetivos testimonios —menos aún por los que configuran ciertos textos que compilan lo que Mairena hubiera dicho en caso de seguir viviendo—; la propia obra ofrece, en mi opinión, certificación más cierta y perdurable. Incluso el mismo Machado comenta que en las últimas estrofas del poema de Mairena a su maestro Abel Martín

…el sentimiento de piedad hacia el maestro parece enturbiarse con mezcla de ironía, rayana en el sarcasmo. Y es que toda generación ama y odia a su precedente.

Y más adelante precisa:

Y más que una incomprensión parece acusar —en Mairena— una cierta malevolencia, que le lleva al sabotaje de las ideas del maestro.

* Notas relacionadas: La crítica del libro imaginario (i) | La crítica del libro imaginario (iv). Metodología: el problema de las citas.

  1. 3/12/2008 a las 2:03 pm.

    Antonio Machado, con todo lo grande que puede ser, es heredero del siglo XIX, por eso tiñe de mayor cantidad de datos las vidas de Martín y Mairena. Evidentemente Borges, y en alguna medida Paz, trastocan la lógica de la modernidad y la confianza en la biografía como método para entender la obra.

    Particularmente, soy partidario de excluir al autor del análisis; a fin de cuentas, su vida no es otra cosa que literatura.

    Vengo desde “500 ejemplares”. Saludos.

  2. Víctor Azuaje
    3/12/2008 a las 2:57 pm.

    Bienvenido Gustavo, en particular si vienes desde 500 ejemplares, de mi amigo Luis Moreno Villamediana y, a través de él, de Carolina Lozada.

    La respuesta a tu comentario deberá esperar mi nota sobre Lo demás es silencio, de Augusto Monterroso. En esto hay, ciertamente, factores de época, pero quizá convenga realizar una “lectura singular” para intentar destejer o enganchar otros hilos.

    Con aprecio,

    Víctor

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: