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Sobre formalismos poéticos y técnicos (iv)

Quisiera ser un número / y no una palabra”. Una manera fácil, cotidiana, de reducir la tensión de estos versos —y de los que siguen— es invocar el principio de contradicción, postular la oposición de los términos sometiéndolos al binarismo, a la positividad y negatividad absolutas. Ciertamente el poema puede mostrarse como una prueba de ese anhelo, con sus “sin”, “para no” y “no por”; pero conviene recordar el constante “quisiera”: al texto lo mueve el deseo, no la certeza.

Los versos “Quisiera ser un número / y no una palabra” resisten, pues, la fórmula exacta del p y no p (p∧¬ p). Aquí cabría aducir la historia de la escritura y la numeración, los alfabetos griegos, latinos y hebreos, y junto con ellos la tradición de la Kábala y del ocultismo en general, para ahorrarnos la demostración de las equivalencias entre números y letras, entre secuencias de números y palabras.

Pero no hay que ir tan lejos. Basta satisfacer el deseo de los versos literalmente: ¿Acaso los códigos de las computadoras no disimulan detrás de las palabras secuencias numéricas? Los anteriores versos se convierten en código binario en esta larga fila de unos y ceros (para comodidad estética introduzco separaciones de líneas, cuando en realidad deberíamos ver una gran línea que sale o se mueve a lo largo de la pantalla):

010100010111010101101001011100110110100101100101011100100110000
100100000011100110110010101110010001000000111010101101110001000
000110111011111010011011010110010101110010011011110010000001111
001001000000110111001101111001000000111010101101110011000010010
000001110000011000010110110001100001011000100111001001100001000
0110100001010

La palabra convertida en número. Para el chip, el pentium por ejemplo, y para la tarjeta de video que despliega estas palabras en su pantalla, querido lector(a), no otra cosa son nuestros versos. El deseo literal del texto está concedido. (Ahora se ve por qué la reflexión que motiva nuestro poema la promueve su aparición en los blogs, en Internet, y no su impresión en papel.)

El otro deseo o los otros deseos, sin embargo, parecen quedar incumplidos o no saciados. Y esto porque acaso no había desde el principio deseo de una alternativa, deseo de ser esto y no lo otro, A y no A, sino dos deseos: “Quisiera ser un número” y “Quisiera ser … no una palabra”, A y no B, con “no B” como diferente de B aunque sin oponérsele. Es decir, deseos en los que número y palabra no se oponen, y ni siquiera se complementan, sino en los que “no una palabra” es algo que no lo determina necesariamente ni el número ni la palabra.

Vale recordar aquí a Heidegger: “Lo que es característico del número reside en el hecho de que determina y, en el sentido griego, también delimita algo de tal manera que es independiente de lo que delimita. Así, el tiempo como número cuenta y es contado sin ser parte de lo que cuenta”. ¿De qué manera son estos ceros y unos parte y no parte del poema y su deseo? ¿Qué le ocurre al poema cuando se cumple uno de sus deseos, cuando es “un número / y no una palabra”?

Curiosamente, la tecnología fue o va en sentido contrario al deseo del texto. La familia de procesadores (chips) que se inició con el 8086-8088, abarcó el 80286, el 80386 y el 80486; ese linaje numérico que debió continuar con el 80586 fue interrumpido con la palabra “pentium”, que señala al quinto de la genealogía, que ahora combina palabras y números: Pentium III y Pentium 4 y más recientemente Pentium Core (como en el corazón de la fruta). Para la técnica, el anhelo es ir del número a la palabra.

definitivamente
quisiera ser robot y no misterio
quisiera ser fórmula exacta color primario disolvente chip
cambio los ojos por tarjeta de video
quisiera ser pentium y no mujer

dice al final el poema. Estas metáforas tecnológicas expresan de manera imperiosa y contradictoria un deseo que ellas frustran. Miguel Marcotrigiano sostiene que el sujeto del texto “se encuentra en constante autodefinición (o intentando autodefinirse) y por ello los tropos, las imágenes, las metáforas que pretenden delimitar la propia esencia”. Agreguemos que el énfasis de ese juicio debe colocarse en las palabras “pretender” y “delimitar”. Los tropos y las metáforas técnicas son a un tiempo la posibilidad y el límite del deseo. De ahí, tal vez, que el texto intente aproximarse de manera envolvente, circular, al cuerpo, a la carne.

perder el sueño
por culpa del canal porno
no por andar buscándole razones a la soledad
al hambre a la muerte

y desnudar con la mirada a mi amante
adiós a la camisa no que me la quite él pienso

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