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El sueño de Nabucodonosor (VII): interpretación freudiana

Para Luis Moreno Villamediana y
Steven Bermúdez, psicocríticos.

Hay quizá una interpretación realmente moderna del sueño del rey babilónico, una que hubiera sorprendido no sólo a Daniel el profeta y a Nabucodonosor, sino al incrédulo neoplatónico Porfirio. No sé si ella ya ha sido planteada por algún otro estudioso, así que espero me perdonará el desconocido y por mi y desde ahora admirado intérprete.

Esa interpretación está basada en las palabras de otro profeta judío: el doctor Sigmund Freud, quien estoy seguro hubiera considerado inaceptable la petición real de interpretar un sueño sin la previa exposición del contenido manifiesto, esto es, de sus imágenes y palabras. Los libros canónicos del psicoanálisis registran la doctrina original, pero la exposición más clara e interesante sigue reposando en los apuntes que para sus clases redactó Luis Moreno Villamediana: el sueño de un hombre no revela su destino o el de otros, sino sus apetencias y aspiraciones. Freud afirma que los sueños, en especial los premonito­rios, son la expresión de un deseo hondamente anhelado: soñamos repetidamente que vamos a encontrarnos con alguien con quien deseamos encontrarnos y a quien inexorablemente, y por nuestra secreta voluntad, encontraremos. Para Freud, un sueño siempre expresa fragmentaria e imperfectamente el deseo o el pensamiento de quien lo anima. (Esa frase no es mía, ni de Moreno Villamediana: es de Steven Bérmudez, quien ha argumentado consistentemente que a Freud no pueden imputársele interpretaciones totalizadoras.)

Antes de exponer mi interpretación, señalemos otra posible y ortodoxamente obvia: el sueño de Daniel, la interpretación en sueños de Daniel, alberga odio y ansias de aniquilar al conquistador de Israel. Esto no la diferencia, esencialmente, de las de Porfirio y Ward.

La mía, quizá mucho menos obvia, no olvida las motivaciones de Nabucodonosor, no olvida que el rey reconoció como suyo el sueño del profeta, y también su interpretación. Tengo para mí que en esa aceptación de la imagen y de las palabras que la acompañaron se ocultaba la secreta y progresiva decisión de cansancio o fastidio imperial que minaba al territorialmente satisfecho Nabucodonosor. El rey y la ciudad estaban ahítos de saquear ciudades, imponer tributos y sofocar revueltas.

A esa interpretación la confirma el sueño de Nabucodonor (véase Daniel, capítulo 4). El rey soñó que en medio de la tierra había un árbol gigante, de hermosa apariencia y abundantes frutos, y que debajo de su sombra moraban las bestias del campo y en sus ramas se posaban las aves y toda carne se mantenía de él. Pero un ángel descendió del cielo y ordenó: “Derribad del árbol, y cortad sus ramas, quitadle follaje, y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas. . . Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado co­razón de bestia”.

Daniel fue llamado y esta vez su interpretación satisfizo abiertamente los deseos del hastiado rey y del agraviado profeta. Éste le dijo a Nabucodonosor: “te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes”. Un año después “se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves”. La encubierta venganza del judío y el íntimo anhelo del babilonio estaban satisfechos.

Hasta aquí llega mi enumeración de las interpretaciones antiguas y modernas. En cuanto a mi destino como intérprete, sé que Nabucodonosor no hubiera tolerado mi dilatoria exposición de opiniones, ni las excusas freudianas sobre el contenido manifiesto. Sé que yo tampoco hubiera obtenido en mis noches el sueño y el símbolo de otro sueño. Sé que no superaré en esto a Luis Moreno Villamediana o a Steven Bermúdez, quienes en sueños interpretan y escrúpulosamente asignan calificaciones a textos que sus alumnos han soñado y que no les han contado. Estoy seguro de mi fracaso en esa prueba; a mi también, como al dulce y atormentado Charles Lamb, la “pobreza de mis sueños me mortifica”.

  1. Daniel Tutiven
    24/11/2008 a las 12:57 am.

    Creo que el odio mencionado en este escrito no es real. No tiene razon alguna el Profeta Daniel para odiar ya que el rey le dio un trato privilegiado a el y sus amigos. Cuando El profeta Daniel se dirigio al Rey con la interpretacion deseaba que este asunto no fuera para Nabuconodosor, si no para sus enemigos. Segun lo escrito en las sagradadas escrituras. 4 – 19 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban: El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante. Respondió Beltsasar, y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para los que mal te quieren.

    Lo que entiendo es que esto vino de parte de Dios por la arrogancia del rey.

    A cabo de doce meses, andándose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia,
    Habló el rey, y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza?

    El Reino es devuelto y su dignidad.

    En el mismo tiempo mi sentido me fué vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron á mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fuí restituído á mi reino, y mayor grandeza me fué añadida
    DT

  2. Ramon
    16/06/2009 a las 10:03 am.

    totalmente deacuerdo con Daniel tutiven.

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