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Rubén Darío y Richard Wagner (i)

En un estupendo ensayo sobre la presencia de la teoría y la obra de Richard Wagner en su pensamiento artístico, Thomas Mann señala que la teoría wagneriana aparenta justificar la obra “en tanto uno esté sentado en el teatro”. En el mismo ensayo, Mann conjuga los términos dilettante y filisteo con una pregunta irreverente: “¿Alguna vez alguien ha creído seriamente en esta teoría? ¿En esta amalgama de pintura, música, palabras y gestos que Wagner tuvo el nervio de proclamar el cumplimiento de toda ambición artística?”

Para dar una respuesta digna a esa pregunta, basta mencionar a Mallarmé, Valéry, Varleine, Virgina Wolf y James Joyce, quienes de alguna forma u otra confesaron el credo de Wagner. La lista no estaría completa sino se incluyera a Rubén Darío, quien afirmó que compuso el soneto “El Cisne” al ser “iniciado en los secretos wagnerianos por un músico y escritor belga”.

Que esas lecciones no fueron totalmente olvidadas lo confirman las alusiones musicales en el cuento “El Velo de la Reina Mab”:

Yo escucho todas las armonías, desde la lira de Terpandro hasta las fantasías orquestales de Wagner. Mis ideales brillan en medio de mis audacias de inspirado. Yo tengo la percepción del filósofo que oye la música de los astros. Todos los ruidos pueden aprisionarse, todos los ecos son susceptibles de combinaciones. Todo cabe en la línea de mis escalas cromáticas.

Reconozcamos, sin embargo, que tales alusiones no bastan para ubicar a Darío entre los seguidores o imitadores literarios de Wagner.

Siglind Bruhn ha dicho que hay tres maneras en las cuales la literatura puede relacionarse con la música. En la primera, que creo imposible, la expresión verbal imita el sonido, los patrones externos o la autosuficiencia estética de la música. En la segunda, la expresión verbal emula una técnica de composición musical o un tipo de organización estructural típica de la música. En la tercera, la expresión verbal alude a la música: la literatura habla de la música.

Los cuatro o cinco comentarios o alusiones a Wagner en algunos cuentos y artículos de Darío pertenecen a la última. Pero cualquier examen de la influencia de Wagner en la obra Darío que sólo se base en ellos es trivial: confunde análisis con bibliografía.

Queda, pues, la segunda manera: Darío como imitador de la técnica de composición musical de Wagner. Para comprender al nicaragüence hay entonces que entender al alemán.

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