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El sueño de Nabucodonosor (III)

El esquema interpretativo propuesto por el profeta Daniel —cuatro reinos o imperios seguidos por un reino imperecedero— fue, en general, conocido por otros pueblos antiguos.

Los hindúes dividieron los yugas o períodos cósmicos de Brahma en Krita-yuga (Edad de Oro), Trêta-yuga (Edad de Plata), Duâpara-yuga (Edad de Bronce) y Kali-yuga (Edad de Hierro).

Entre los persas, el libro zoroástrico del Bahman Yasht, en su primer capítulo, narra el sueño en el que Ahura Mazdā muestra a Zaratustra un árbol con cuatro ramas de oro, plata, bronce y hierro que simbolizan los reinos que vendrán antes del fin de la era zoroástrica.

Entre los griegos, Hesíodo menciona la secuencia de los metales como cronómetro de las edades y Heródoto la utiliza para organizar la historia de los reinos del Oriente.

Los romanos, por su parte, apelaron al último lugar que ocupaban en la sucesión de los imperios para justificar su predominio. El cronista Aemilius Sura, en el segundo siglo antes de Cristo, escribió:

Los Asirios fueron los primeros de todas las razas en sostener el poder, luego los Medos, y después de ellos los Persas, y luego los Macedonios. Entonces, cuando los dos reyes, Filipo y Antíoco, fueron completamente derrotados, poco después de la conquista de Cartago, el poder supremo pasó al pueblo romano.

Sura adoptó, pues, la más conocida de las interpretaciones antiguas sobre la identidad de los primeros cuatro reinos: Asirios, Medos, Persas y Macedonios.

Pero la aceptación de esa lista no ha sido unánime. Heródoto sospechó que el honor del primer lugar pertenecía a Egipto, y parece que los babilonios preferían asignarle el segundo lugar a Caldea. El nacionalismo, se ve una vez más, no es una lacra moderna: Egipto, uno de los imperios más grandes, temidos, odiados, admirados y longevos de la Antigüedad, queda consistentemente fuera de las listas, exceptuada la de Heródoto. Su perduración e intermitente poderío fue siempre una incomodidad para las primeras especulaciones sobre cambios políticos y territoriales.

Las discordias interpretativas no fueron exclusivas de los autores paganos. Para la imagen de Daniel, Eusebio prefirió, en su Demostratio evangelica, el orden de Sura. Hipólito, en su Comentario sobre Daniel, eligió el orden Babilonia, Media y Persia (o sólo Persia), Grecia y Roma. Aquí ya comienza la fusión de medos y persas para dar un lugar al nuevo conquistador del mundo conocido.

Algunos intérpretes católicos aprecian más la secuencia Babilonia (oro), Media (plata), Persia (bronce) y el imperio griego de Alejandro (hie­rro). El para algunos sospechoso hecho de que no se incluya al Imperio Romano —la Iglesia no quiere ser emparentada con los césares— ha influido para su escasa aceptación. Ya que por costumbre no descarto motivaciones complejas, diré que no veo imperiales remordimientos o vergüenzas eclesiásticas en la adopción católica romana de la lista de Aemilius Sura: con ello, menos que ocultar un linaje, se establece una filiación política.

Los protestantes, por su parte, se inclinan por la serie que registra la Biblia de Scofield en su notas a Daniel 2: “Esta predicción se cumple en los imperios babilónico, medo-persa, griego (bajo Alejandro Magno), y romano”.

Finalmente, no olvidemos a aquellos que eligen mezclar listas paganas y cristianas. John Donne, en El progreso del alma, relata la transmigración de un alma, cuyo periplo es también la historia de todos los hombres: la del “gold Chaldee, or silver Persian . . ., Greek brass, or Roman iron” (la del “caldeo de oro, el persa de plata, el bronce griego y el hierro romano”, como tradujo Borges).

* Notas relacionadas: El sueño de Nabucodonosor (I) | El sueño de Nabucodonosor (II).

  1. Luis
    6/05/2009 a las 9:05 pm.

    Estaba leyendo el poema que citas de John Donne y llegué aquí de casualidad, y me interesó tu escrito y me recordó a un autor que quizás es quien explica con mayor claridad el tema de las cuatro edades: René Guénon en su libro La crisis del mundo moderno. También se refiere directamente a esto el autor argentino Leopoldo Marechal en algunos de sus ensayos (creo que Autopsia de Creso) incluídos en Cuadernos de navegación. Quizás te resulte de interés.
    Saludos,
    Luis.

  2. Víctor Azuaje
    6/05/2009 a las 9:09 pm.

    Gracias Luis. Empezaré la búsqueda de tus referencias de inmediato. Saludos

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