La leyenda inglesa de Borges
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La leyenda del estilo inglés de Borges es influyente y famosa. Borges creció en una biblioteca de libros ingleses. El primer libro que leyó fue El Quijote en inglés y cuando por fin lo leyó en español pensó que era una mala traducción. De ese minicuento contado por Borges se ha derivado una teoría de su estilo: éste fue el resultado de resolver el problema de cómo escribir en español con la precisión del inglés. Lo que sigue no tiene la inútil intención de desvirtuar la leyenda, sino de examinar su mecanismo y su breve historia en la literatura argentina.
El dispositivo reposa en la magia del descubrimiento y el desencanto infantil. El estilo de Borges es, pues, la creación de un lenguaje extraviado o la recuperación en español de un texto corrompido. Pero esto olvida el carácter narrativo de esa temprana explicación sugerida por Borges. No digo que es ficticia: pienso más bien que forma parte del amplio argumento borgeano sobre el lugar de los antepasados. En cualquier caso, no es casual que la leyenda inglesa de Borges omita sus primeros libros de ensayos, abundantes en argentinismos: poco hay de fabuloso en un niño todavía desorientado a los veinte y tantos años. Es también indispensable la creencia en la precisión inglesa —que obvia la ahora olvidada superstición de ciertos escritores ingleses sobre la precisión francesa. (Tal superstición es originariamente francesa; Rivarol escribió “Ce qui n’est pas clair n’est pas français”: “Lo que no está claro no es francés.”) Aquí debe recordarse la observación de Borges sobre las ilusiones del patriotismo: no tienen término y prefieren definir lo nacional en términos de un hecho externo y aun imaginario. En rigor, no existe la precisión inglesa o francesa: hay escritores precisos en inglés y en francés. Las quejas de críticos literarios y profesores de composición prueban que son muchos más los escritores imprecisos en ambas lenguas. La supuesta homogeneidad y superioridad estilística de un idioma procede entonces de la veneración o fetichismo de un limitado número de autores y obras. Ese punto me conduce al final. La superstición de un estilo extranjero y su reescritura en español ya aparece en la historia elaborada en sus prólogos por otro escritor argentino, aunque de origen francés, asimismo ciego y director de la Biblioteca Nacional: Paul Groussac. La historia del estilo francés de Groussac se inicia con su inmigración al término de la adolescencia e incluye un número indeterminado de oficios y el autodidactismo. En la historia del estilo inglés insinuada por Borges, la seductora imagen del niño, la abuela inglesa y la biblioteca paterna ocupan esas funciones dramáticas. (Este paralelismo no fue el único efecto de la leyenda de Groussac. Alfonso Reyes, el más grande prosista español de cualquier época según Borges, dijo que Groussac, siendo francés, le había enseñado a escribir en español.) Groussac, Borges, el francés, el inglés… No sabemos qué otro futuro escritor argentino recontará la leyenda extranjera de un estilo. Sólo sabemos que formará parte de la historia de la diversa entonación y seducción de esa metáfora. |
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Víctor Azuaje, venezolano.
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