El problema de las cartas según Adorno, Lacan y Derrida
Escribe Adorno en su Dialéctica negativa:
En cuanto le es posible, el autor pone sus cartas sobre la mesa; lo que de ningún modo es lo que mismo que jugar a las cartas.
… ni tampoco a cartero gallináceo, aunque en la mesa los optimistas asuman lacanianamente que las cartas siempre llegan a sus destinatarios, y los pesimistas teman a la entremetida mala suerte derridiana que impide la llegada de las que les harían ganar el juego, a diferencia del adorniano o adornista, que ni juega ni es optimista ni pesimista a pesar de la desinencia y que a causa de ella no espera cartas buenas o malas, y quien tal vez porque después de todo sea algo gallina no las reparte sino que las pone, en cuanto le es posible —como quizá hago yo aquí.
Víctor Azuaje, venezolano.
El problema con Adorno (mientras Derrida discutía con Lacan) es que siempre tuvo carta blanca en el terreno filosófico, por eso sus amigos de Franckfurt casi nunca lo invitaban a jugar póker. Fue Habermas quien tomó cartas en el asunto y le envió una extensa carta en la cual le decía, a carta cabal, que descartaba toda posibilidad de reconciliación. La carta nunca llegó, y Adorno siguió en buenos términos con casi todo, menos con Horkheimer, que siempre tenía un as bajo la manga.
Querido Gustavo, he aquí mi respuesta:
Jaja, muy bueno, genial… aunque nunca vi a Lacan y a Derrida tan incómodos en una mesa. ¿O seremos vos y yo los incómodos?
Queridos amigos:
El comentario de Gustavo es tan inteligente que me imaginé que Víctor no podría hacer nada para igualarlo. Pero me equivoqué, aunque, hay que admitirlo, Víctor, te tardaste unos cuantos días pensando tu respuesta. Me quito el sombrero (que acabo de ponerme, muy a propósito) ante vuestra humorística sabiduría. Es decir: chapeau!
Gustavo:
Creo estamos incómodos porque somos los únicos con visible rabo corto. ¿Te has fijado en la hermosura del de Habermas?
Luis:
Tardé varios días por temor a Carolina Lozada, quien es altamente conocida por su afición canina y quien por ello no se sabe si se apresurará a perseguirnos ahora a Gustavo y a mí.
¿Se fijan que el perro Víctor tiene la cola pequeña? A mí, de pana, el que me gusta es Habermas…
Ya que Gustavo está implicado en tu comentario, le dejaré la oportunidad de responder primero (como siempre, es asunto de ser cizañeros).
Sì, me doy cuenta, solo porque mi pobre perro tiene la cola es más pequeña. En esa mano (no de cartas), veo mano criminal…
Gustavo:
Afortunadamente no respondiste faucoultianamente con algo parecido a “Esto no es una cola”.
Carolina:
Se te nota el rabo (me refiero al de de paja): hay evidencias fotográficas de que te gustan los perros pequeños, blancos y de rabo corto -esto no es contigo Luis.