Ni un día sin una línea
Es una de las versiones del “Nulla dies sine linea”, a su vez versión en el Adagia de Polidoro Virgilio de la recogida por Plinio el Viejo:
numquam tam occupatum diem agendi, ut non lineam ducendo exerceret artem.
También se traduce: “Ningún día sin una línea”. Para algunos pintores y escritores es una pauta de trabajo —famosamente, Emily Dickinson escribió 366 poemas en 1862, año no bisiesto.
Todo esto lo invoco para apuntar que celulares, blogs, Facebook y Twitter han llevado ese adagio artístico hasta la exasperación, lo insustancial y lo irrelevante.
Víctor Azuaje, venezolano.
Facebook… Facebook… Mejor me abstengo de decir, públicamente, lo que pienso de esa especie de exhibicionismo cotidiano -puedo terminar linchada-. En fin, qué bueno que te aparezcas con lenguas olvidadas, pero te faltan unas cuántas páginas (no líneas) para alcanzar a la laboriosa Emily, así que: fájate.
¡Oh, Carolina!:
No hablaré mal de Facebook, que en estas últimas semanas me ha deparado tantas satisfacciones económicas. De hecho, mi próxima nota será acerca de cómo incorporar o promocionar sitios y blogs en las cuentas de Facebook (esa es la moda de empresas y organizaciones). Curiosamente, tu objeción fue exactamente la que, en un principio, se levantó contra los blogs, y por ella no se les ve como un medio serio para ciertos contenidos (literarios, artísticos, etc.). Creo que vale la pena hacer la distinción entre la herramienta y su uso o contenido. Ya que sólo ahora abro la cuenta Facebook, te dejo saber de la experiencia en las próximas semanas.
Seguimos en contacto…
Vale, me avisas. Y espero que no te pongas muy cotidiano con el Facebook, tú me entiendes… En cuanto al largo alcance del mismo estoy de acuerdo contigo: para promoción, publicidad y esas cosas me parece muy buen recurso, pero para otras cosas tengo mis reservas.
Supongo que tiene que ver con los hostales españoles, en la descripción de Borges: hay lo que uno lleva. O como decía Lichtenberg de cierto objeto que amamos: “Un libro es como un espejo, si se asoma un mono no puede verse reflejado un apóstol”… Si te haces rico con Facebook, me avisas. Necesito platica.
Updike reconocía que, con la Internet y los medios, los escritores encontraban y se exponían a nuevos maneras de difundir su obra. No sé si esta transformación afecte a los libros de la misma forma que a la industria musical o periodística; pero no hay duda de que se escribe para ser leído —en vida o post mortem. Recuerdo el género epistolar, que fue a la vez íntimo y público. Permíteme mencionar las difundidas cartas de mi admirada Madame de Sévigné a su hija. No tendría problemas en leer o que se escribieran y se hicieran públicas ese tipo de comunicaciones.
En cuanto a Facebook, sabes que fue asunto de emergencia eso de escribir programas y diseñar páginas. Ahora dejaré unas recomendaciones para quienes escriben en blogs y quieren enlazar sus textos en sus cuentas de Facebook. Hablo más de emplear un nuevo medio para difundir o promocionar que de otro sitio para escribir.
Siempre he manejado la metáfora del kiosko de revistas. Un kiosko, abundante, con mucho papel, muchas tapas, con opciones de diversa índole, para satisfacer a locos por la mecánica, por la caza de alces, por los poemas patafísicos, por la moda, por las armas, por las chicas, por los chismes, por la política, etc. Es decir, uno siempre va al kiosko, se admira de que hayan tantas cosas en exhibición, y lo celebra (¡qué hermoso es un kiosko bien nutrido!) y siempre uno termna comprando lo mismo de siempre: las dos o tres cosas que nos gustan.
Bueno, lo mismo pienso del facebook.
Saludos.