No todos los poetas se suicidan, pero casi todos usan contraseñas literarias
Quizá la más notoria superstición romántica sobre los poetas sea que su destino es el suicidio. Algunas de sus formulaciones son tautológicas: “El destino del poeta es la muerte” —¿no es el destino de todos los mortales?—, cuando no redundantes: “Su obra marca la ruta hacia su muerte” —en toda vida podemos hallar un factor que desempeñe esa función: desde relaciones a pasatiempos y adicciones.
Advirtamos que los antiguos carecían de esa noción: Empédocles de Agrigento, Socrátes, Séneca… hay una larga lista de clásicos pensadores y escritores suicidas de la que nadie en la Antigüedad derivó un principio análogo.
La fuerza de esa creencia es tal que algunos rechazarán considerarla un estereotipo, un incorrecto perfil profesional. Resistirán incluso revisar las estadísticas de suicidio de la Organización Mundial de la Salud, donde los escritores ocupan un imperceptible posterior lugar, y donde militares, policías y médicos con o sin inclinaciones literarias exhiben una marcada preferencia por la voluntaria ida de este mundo.
Ahora bien, puestos a buscar un perfil de poetas o literatos, sospecho que se tendrá más éxito si se examinan sus contraseñas para accesar servicios en Internet. Es poco probable que un poeta no se suicide, pero lo es más que su contraseña:
- tenga menos de 10 caracteres
- sea o incluya el nombre de un escritor
- sea o incluya el nombre de un personaje de ficción
- sea o incluya el nombre de un lugar ficticio o literariamente famoso
- sea o incluya el título de una obra literaria
- sea o incluya una palabra o varias palabras “literarias”
- incluya números cabalísticos: fecha de nacimiento de autores admirados, por ejemplo.
Agotadas esas entradas, nuestro poeta o escritor pasa a la común categoría de los demás mortales que en lugar de autores o títulos admirados y lugares o personajes ficticios elige como contaseña elementos de su vida real: nombres de familiares, lugares y fechas de nacimiento, etc.
Este perfil sicológico o profesional del poeta es abrumadoramente menos romántico, más vulgar, pero seguramente es menos inexacto y tendencioso.
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PS: Dejo constancia a mis conocidos de que cualquier comportamiento extraño de sus cuentas de correo, blogs, facebook, etc., no se debe a ninguna maliciosa intromisión mía. No he construido ningún diccionario para hackers literarios. Sin embargo, y a riesgo de incrementar sus marcas en la mencionada ruta mortal, les recomiendo cambiar sus contraseñas.
Víctor Azuaje, venezolano.
me he reído mucho, pero con una risa sana, porque es totalmente cierto, haciendo memoria no recuerdo una de mis contraseñas que no esté relacionada con la literatura.
tu blog es inusual, y el análisis de los poemas de natasha tiniacos me dejó alucinada, por la relación perfecta entre matemática y poesía, que vino a aclararme un poema que escribi hace treinta años sin estar consciente de que quien escribia a la sombra del poema era Heidegger:
BOVEDA DE SANGRE
Dolorosamente resucita aveces lo que ha desaparecido.
Como un número o un rectángulo, incomprensibles,
comienzan las cosas a caer en pendiente sobre el tiempo.
Gracias mil. Saludos.
Mharía:
Espero que no haya ladrones de contraseñas a la caza de tu blog o correo electrónico. Me complace que mis notas te hayan descubierto la sombra densa o tenue de Heidegger.
Saludos.