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La muerte de la novela (una de vaqueros)

En el siglo pasado se habló mucho de la muerte de la novela, algunas veces con pesar o temor y otras con escándalo. Hablar de la muerte de un género siempre lo dignifica, le da tono épico.

Pero yo que he visto morir o desaparecer algunas personas y cosas, puedo decir que no hay nada extraordinario en la muerte de un género. De hecho, vi o he visto morir —porque para algunos está agonizando— un tipo de novela, y nada fuera de lo común me ocurrió, ni creo que se estremeció el mundo literario por tal acontecimiento. Hablo de la novela de vaqueros.

Ella fue mi introducción a la literatura y a la retórica. En mi infancia no había literatura infantil —y si la había a mis padres les importaba un bledo, comino o pito—, de manera que a las vidas de santos de mi madre, al diccionario ilustrado Sopena y a la mucho más ilustrada revista LUZ que coleccionaba mi padre (no la Revista de La Universidad del Zulia, sino la de los temas sexuales), las complementaban las novelas de Corín Tellado, las foto novelas, los comics y la obra de Marcial Lafuente Estefanía, Clark Carrados y Lou Corrigan.

Estilísticamente, las novelistas de vaqueros fueron toda una escuela, mi primer modelo. Los textos eran la perfecta literatura para un niño diagnosticado con dislexia leve (combinación entonces muy reciente y que reemplazaba a “muchacho bruto”): oraciones breves, sin incisos, novela de vaquerosy párrafos cortos. Así que antes de Arturo Ustar Pietri y Ernest Miller Hemigway, para mí estuvo don Marcial Lafuente Estefanía, “el rey del punto y aparte”.

A veces las lecciones de estilo eran afortunadas: “era de noche y sin embargo llovía”, y no excluían los títulos precisos: Era más pistolero que abogado, El asalto será a las doce o Tres caras tiene la muerte. Pero a veces también desencaminaban: si alguna vez alguien me señala o acusa de anglicismos puedo asegurar que en las seudotraducidas novela de vaqueros está su raíz.

Seudotraducciones: las novelas de vaqueros las escribían españoles —Francisco González Ledesma (Silver Kane), Luis García Lecha (Clark Carrados), Antonio Vera Ramírez (Lou Carrigan)— que adornaban sus textos con oportunas incorrecciones, porque el efecto de realidad no se limitaba a un pueblo de Arizona o Tejas, al tipo de los seis pies dos pulgadas y el cinto de lado casi a la rodilla, sino que abarcaba también los giros lingüísticos.

Estas novelas me ayudaron en forma extraña con la dislexia: para adquirirlas en los puestos de revistas de los mercados populares, generalmente por simple trueque, uno debía localizar los títulos amontonados y mezclados sin ningún miramiento para con los clientes —noción absolutamente desconocida en un mercado popular, que es donde un niño podía adquirir sin censura aquellas precursoras de la literatura infantil—: la lectura era unas veces vertical, otras horizontal, otras en diagonal, otras incluía completación: medio título, palabra al inicio, palabras en el medio (un ejemplar o varios entre dos columnas de periódicos o revistas), o sólo la frase final.

Alrededor de los once años abandoné la lectura de las novelas de vaqueros (no la de la revista LUZ, esa se intensificó). Pero a pesar de su importancia personal, el declive y desaparición del género ocurrió sin conmociones épicas ni de otro tipo. Tampoco, que yo sepa, se sacudieron las Escuelas de Letras, los Congresos, los Simposios ni las Academias.

De manera que en mi vida ya pueden venir otras muertes literarias, de poesías o de novelas, que yo seguro contemplaré esas desapariciones impávido, inmutable, con los ojos fijos, los brazos descolgados y los dedos ligeramente encogidos.

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  1. Manuel
    4/08/2007 en 7:31 am. | #1

    Jamás me acabaron de gustar las novelas del oeste. El Far-West me quedaba muy lejos… En casa no obstante si que se apreciaban muchas lecturas, los clásicos, Ortega, Blasco Ibañez, Dickens… muchos.

    Yo me inicié con los “Heroes Marvel”, bueno también con todo tipo de tebeos.

    Tengo un hijo con dislexia, de lo que deduzco que yo también lo soy y siempre he pensado que mi dislexia fue menos problema debido a estos heroes, y a otros muchos después.

  2. Víctor Azuaje
    4/08/2007 en 10:34 pm. | #2

    Manuel, lo mío eran los DC Comics. Los de Marvel los dejaba para la televisión.

    Suerte con tu hijo,

  3. 8/08/2007 en 10:33 pm. | #3

    Estimado amigo:
    ¡Qué recuerdos! Tuve la dicha -es así- de entrar en el mundo de las novelitas de kiosko cuando comenzaba la carrera de Letras. Las descubrí por casualidad en un kiosko cerca de casa, por el cual pasaba casi siempre. Representaban así como un escape, un descanso a la lectura académica. Conservo, orgulloso, una buena colección. No sólo de las del Oeste, sino también de Terror, Policiales y Ciencia Ficción. Marcial La Fuente Estefanía (recuerdo que había una colección titulada Oestefanía, ¿no?) era muy bueno, pero, definitivamente, Kane y Carrados, se las traían. Excelente post. Te sigo leyendo…
    Miguel M.

  4. Víctor Azuaje
    9/08/2007 en 7:12 am. | #4

    Estimado Miguel:

    ¡Qué suerte! A diferencia de ciertos afortunados que se mudan y retienen sus libros, yo me mudo y pierdo cientos. Así que no puedo exhibir ninguna colección. Creo que el que comenzaras tarde te ayudó.

    Mi favorito sería Kane, el más irónico, creo, de los tres.
    Y de las de ciencia ficción hablaremos algún día.

  5. 21/08/2007 en 8:35 am. | #5

    yo crecí leyendo, después de los “pequeños grandes libros” infantiles, novelas policiales de esa misma calaña. Mezclados con autores sin nombre, andaban por allí James Hadley Chase y otra cantidad de excelentes narradores. También yo aprendí a encontrar oro entre los deshechos y ahora me divierte ver como los críticos enterradillos aplauden a Auster y muchos otros que copian el estilo de aquellos escritores “de segunda” que ellos antes despreciaban.

  6. Víctor Azuaje
    28/08/2007 en 2:16 pm. | #6

    Amorimás:
    Las novelas policiales nunca lograron atraparme.

    Por cierto, Chase era amigo de Graham Greene, y alguna vez creo que Raymond Chandler lo acusó de plagio. Eso, para mí, lo coloca en una liga distinta, un poco, pero sólo un poco, más elitesca. Lo del plagio, por otra parte, lo vuelve un tipo delictivo; lástima que Chandler lo descubriera.

  7. 16/07/2008 en 9:06 pm. | #7

    las novelas de vaqueros siempre seran como el escape de esta vida agitada y asfixiznte tengo una variada coleccion desde estefania hasta meadow castle siendo los mejore keith luger,silver kane y lou carrigan.

  8. guillermo marin
    23/06/2009 en 5:25 pm. | #8

    soy asiduo lector de las novelas de estefania llegue a tener 500 novelitas y ahora es muy dificil encontrarlas digame donde puedo suscribirme para que me envien varias y cuanto cuestan gracias

  9. Víctor Azuaje
    25/06/2009 en 11:17 am. | #9

    Guillermo:
    No tengo idea de dónde puedes suscribirte. Quizá una búsqueda en websites de libros gratis podrá ser útil.
    Suerte.

  10. luis alberto palacios
    6/06/2013 en 9:44 pm. | #10

    Literatura barata o no, siempre fue muy apasionante este tipo de lectura que desde muy niños seguimos. Considero que ocurrió lo que tenia que ocurrir y fue una época deliciosa con estos temas que todavía me gustan pero a nivel del cine porque las novelas escritas no se consiguen

  1. 7/01/2010 en 12:33 pm. | #1

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