Inicio > Notas sueltas > El estilo salvaje de Briceño Guerrero

El estilo salvaje de Briceño Guerrero

Alguna vez Alfonso Reyes le reprochó a García Bacca el que no fuera un verdadero amante de la literatura, porque casi siempre leía en función de una tesis filosófica o científica. No sé si el reproche a García Bacca era justo, ni si mi memoria es infiel y el tono de reproche era menos severo, pero sé que para Reyes la señal infalible de un verdadero escritor era la capacidad para disfrutar lo verbal con independencia de los propósitos doctrinales.

Si lo hubiéramos conminado a dar ejemplos, seguramente nos habría recordado las breves páginas en las cuales Borges historió a los procreadores de monstruos verbales —Gracián, Swinburne, Lewis Carroll— y en las que encontramos algunos de Joyce, de los que me atrevo a ofrecer una traducción literal: Merror (mirror+error), espejo+error; Groud (grand+proud), magnífico+orgullo; Voise (voice+noise), voz+ruido; Eithou (either+I+thou), o tú o yo. Este último confiesa algún parentesco con el español nos+otros, el cual ha servido de pretexto a José Manuel Briceño Guerrero para reflexionar sobre la escindida (como todas) identidad de América. Ese meditativo nos-otros —con guión que divide y no que resta— evidencia que si algo no es imputable a un filósofo como Briceño Guerrero es el reproche de Alfonso Reyes.

Y es que Briceño Guerrero, empeñado en «formular el discurso no occidental de América», más emparentado con los lagartos y las piedras que con la razón segunda —la de la abstracción—, habla con actitudes de aprendiz de lengua extrajera, asume las «actitudes verbales de tanteo, experimentación, duda, efectismo tonal, repetición enfatizante»; «toma licencias injustificables con la lengua para hacer juegos de palabras innecesarios además de feos e incorrectos» y se «contradice alegremente». Asume, pues, lo que para él caracteriza el habla no occidental, la que se opone al discurso de la razón segunda, la de las supersticiones académicas del silogismo explícito, del tercio excluso, de los méritos bibliográficos y la impersonalidad del habla. Pero no es el desdén académico, repito, sino la fidelidad a una voz lo que impulsa esa decisión de sujetar su maestría verbal. Briceño Guerrero le ha impuesto a su estilo la tarea de preservar y exponer la fuerza de una pasión: la del encono no occidental de América hacia Europa. Por todo ello, sus vacilaciones, más que augurar el fracaso de sus reflexiones, son el sello de un estilo marcado por la contradicción, la duda, la inquina y el juego.

De ahí mi sospecha de que la tan comentada pluralidad de voces del Discurso Salvaje es ilusoria. Creo que no es sino una sola voz que despliega sus «actitudes verbales de tanteo, experimentación, duda»; una sola voz que experimenta los sucesivos avatares de la rueda del discurso, recorriendo la geometría de un universo retóricamente diseñado para que observemos un sector a la vez, ocultándonos el único hilo sin fin detrás de la trama.

Pero, de ser así, el magnífico proyecto de Briceño Guerrero suscita el problema de si el encono no occidental de América puede hablar con una voz o en un lenguaje occidental sin ceder o rendirse a los términos, conceptos y oposiciones occidentales —por ejemplo: la del exterior y el interior, la del mismo y el otro, la del nativo y el extranjero. Es decir, suscita el problema de cómo o cuánto de esa voz o lenguaje pertenece y excede a la tradición occidental. Pero, en esa dirección, todavía no hemos o se ha terminado de leer El discurso salvaje.

About these ads
  1. Narciso Espejo
    17/07/2007 en 2:57 pm.

    El maestro Briceno Guerrero es grande en todas las lenguas. Su imagen de los tres minotauros en un mismo laberinto es certera y aguda. Un saludo.

  2. Víctor Azuaje
    17/07/2007 en 3:40 pm.

    Narciso,
    La imagen es tuya, no mía. Pero me honra la atribución.

  3. Marlow Zurita
    20/12/2008 en 2:52 pm.

    Yo estoy terminando de leer El laberinto de los tres minotauros y siento la misma dolorosa duda que usted. ¿Hasta qué punto Briceño logra escabullirse de la Europa segunda? Esa es una pregunta que atormenta mis días y, lo que es más, me ha subsumido en una especie de angustia, es decir, me encuentro absorto ante lo desconocido. Como habitante de América y americano mestizo siento que me es imposible escapar al magnetismo de Europa y su pensar. Como europeo de América con ascendencia múltiple y variada me confieso incapaz de pensar más allá de las categorías europeas, al menos no por ahora, por eso debo admitir que el pensamiento de Briceño se me hace muy Europeo, aunque se distancia notablemente del post-modernismo y propone una especie de meta-modernismo partiendo desde una visión profunda de la cultura y el mundo europeos para plantear interrogantes profundas en torno a su sentido y decadencia.
    No obstante, por otro lado, no veo hasta qué punto se puede uno desligar de la Europa segunda sin establecer un abismo enter ella y nos-otros. De otro modo ¿Cómo es posible pensar desde otro conjunto de principios sin que estos, irremediablemente, nos conduzcan a un abismo entre la razón segunda y nuestra meta razón? Si logramos la independencia mental de Europa y cristalizamos una civilización y cultura propias ¿no terminaremos siendo incapaces de comunicarnos conella? En este sentido, si José Manuel Briceño se ha separado de la Europa ¿Cómo es posible que esta lo lea, discuta y comprenda? ¿Realmente está proponiéndonos otra racionalidad o, simplemente, es parte del juego de Europa que se afianza y nos presiona infinitamente?
    No tengo estas respuestas, pero aspiro una larga vida para pensarlas.

  4. Víctor Azuaje
    23/12/2008 en 10:14 am.

    Apreciado Marlow:

    Reconozcamos que el proyecto de «formular el discurso no occidental de América» enfrenta, desde el inicio, una objeción obvia aunque no simple: Briceño Guerrero la formula en español, uno de los idiomas de los conquistadores, un idioma de la cultura europea. Objeción obvia pero no simple: aun si «el discurso no occidental de América» se escribiera en maya o quechua, cabría oponer que éstos también fueron lenguajes imperiales y que en ellos quizá tenga sentido la noción de encono (maya, inca o azteca) contra España o Europa si se quiere, pero no la noción de “América”.

    No sé si estas referencias te ayuden a pensar, y si ya las conoces disculpa la redundancia:

    1. El trabajo de Fernández Retamar sobre la dicotomía Ariel y Calibán.
    2. El ensayo de Derrida sobre “Historia de la locura” de Foucault (¿puede la razón escribir una historia de la locura que no la vuelva razonable?). También su ensayo sobre el pensamiento de Levinas, “Violencia y metafísica” (¿puede elaborarse una metafísica no griega?). Simplifico las problemas examinados en esos textos para darte una idea de su relevancia.
    3. El ensayo de Foucault sobre “El pensamiento del afuera”.

    Saludos,

    Víctor

  5. Marlow Zurita
    27/12/2008 en 11:38 pm.

    Estimado Victor:

    Agradezco mucho tu respuesta y tus recomendaciones. Para ser honesto poco he leído sobre pensamiento contemporáneo. Por supuesto que conozco las referencias, pero no he estudiado la mayoría de ellas. Mi formación filosófica hasta este momento ha sido particularmente enfocada en torno al pensamiento moderno. Así que en lo futuro pretendo llenar ese hueco en mi comprensión del pensar occidental y, cuando me haya aproximado a ellas a profundidad, te daré una impresión de lo que pienso.

    Espero que en esa oportunidad seas tan amable como ahora y podamos continuar esta reflexión.

    saludos,
    Marlow

  6. Erick Jimeno
    27/03/2009 en 7:24 pm.

    Asisto con asombro originario, mejor que adánico, a esta meditación explosiva que versa sobre la identidad trina y una que nos conforma y escinde, con fatalidad. Guerrero habla de un Discurso salvaje del que apenas me informo, pero que ha servido para sustentar opiniones que proclaman una especie de vergûenza cultural. Lisandro Alvarado, un positivista tocuyano y obstinado que deambuló en lomos de mula por los llanos arawakos y las costas de los caribes, precisaba en su Discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia la presencia de una fuerza telúrica en la trama de nuestra identidad nacional que se levantaba contra constituciones y administraciones, sobre leyes y burocracias; denominó a esa fuerza como IGUALITARISMO. condición y dinámica social aluvional que ha dado asiento a caudillos, revoluciones y expectativas civilizatorias. Yo, sobre el tema, declaro mis insuficiencias. Aún así no soy imparcial y acato a a mis orígenes . No puedo olvidar cómo en en la quinta década del siglo XVI, el fundador de la que después fuese Nueva Segovia de Barquisimeto, el español Juan de Villegas, empalaba por venganza a 14 indígenas gayones, en las cercanpías de Sarare. Empalar es, para los que lo ignoran, atravesar a u hombre o mujer con un madero de punta filosa, incrustándolo po el ano hasta emerger por la boca o por el cuello. De esa civilización, en tercera parte, procedemos. Sólo los indígemnas levantaron sin doctrinas una residencia colectiva de hombre y Tierra. Como Guacaipuro , repetimos : ana karina rote. ( solo nosotros somos hombres)

  1. No trackbacks yet.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: