Lector incrédulo encantado con prosa crédula

21/11/2014 Deja un comentario

Una señal para mí de que Auden es un gran prosista: me parece irresistible la manera en que escribe sobre temas con los que estoy en absoluto desacuerdo. La creencia en Dios, por ejemplo.

Ambidextro

9/02/2013 Deja un comentario

Ambidextro, adj. Capaz de robar con igual habilidad un bolsillo derecho que uno izquierdo.

Ambrose Bierce. Diccionario del diablo.

Estorbos para un Buda

24/11/2012 Deja un comentario

Siddharta Gautama es conocido como El despierto o El Iluminado. El camino para ello fue simple. La leyenda cuenta que abandonó a su esposa y su hijo recién nacido, erró por algunos bosques y pueblos de la India y se alimentó de hierbas o de limosnas. En palabras modernas: abandono del hogar, vagancia y mendicidad.

La más grande lucha en el camino de su iluminación fue con el dios Mara, quien envió tentaciones, ejércitos de demonios y de animales y de hombres envidiosos. A todos los venció el Buda.

Pero esa victoria es hoy en día casi imposible para los hombres. Mara aprendió de ese enfrentamiento y envía ahora contra los discípulos ejércitos de policías, jueces y abogados con sus ordenanzas de vagos y maleantes, sus códigos de abandono del hogar y sus muy intimidatorias leyes de manutención del menor.

La leyenda inglesa de Borges

30/07/2012 1 comentario
La leyenda del estilo inglés de Borges es influyente y famosa.
Borges creció en una biblioteca de libros ingleses. El primer libro que leyó fue El Quijote en inglés y cuando por fin lo leyó en español pensó que era una mala traducción. De ese minicuento contado por Borges se ha derivado una teoría de su estilo: éste fue el resultado de resolver el problema de cómo escribir en español con la precisión del inglés. Lo que sigue no tiene la inútil intención de desvirtuar la leyenda, sino de examinar su mecanismo y su breve historia en la literatura argentina.

El dispositivo reposa en la magia del descubrimiento y el desencanto infantil. El estilo de Borges es, pues, la creación de un lenguaje extraviado o la recuperación en español de un texto corrompido. Pero esto olvida el carácter narrativo de esa temprana explicación sugerida por Borges. No digo que es ficticia: pienso más bien que forma parte del amplio argumento borgeano sobre el lugar de los antepasados. En cualquier caso, no es casual que la leyenda inglesa de Borges omita sus primeros libros de ensayos, abundantes en argentinismos: poco hay de fabuloso en un niño todavía desorientado a los veinte y tantos años.

Es también indispensable la creencia en la precisión inglesa —que obvia la ahora olvidada superstición de ciertos escritores ingleses sobre la precisión francesa. (Tal superstición es originariamente francesa; Rivarol escribió “Ce qui n’est pas clair n’est pas français”: “Lo que no está claro no es francés.”) Aquí debe recordarse la observación de Borges sobre las ilusiones del patriotismo: no tienen término y prefieren definir lo nacional en términos de un hecho externo y aun imaginario. En rigor, no existe la precisión inglesa o francesa: hay escritores precisos en inglés y en francés. Las quejas de críticos literarios y profesores de composición prueban que son muchos más los escritores imprecisos en ambas lenguas. La supuesta homogeneidad y superioridad estilística de un idioma procede entonces de la veneración o fetichismo de un limitado número de autores y obras.

Ese punto me conduce al final. La superstición de un estilo extranjero y su reescritura en español ya aparece en la historia elaborada en sus prólogos por otro escritor argentino, aunque de origen francés, asimismo ciego y director de la Biblioteca Nacional: Paul Groussac. La historia del estilo francés de Groussac se inicia con su inmigración al término de la adolescencia e incluye un número indeterminado de oficios y el autodidactismo. En la historia del estilo inglés insinuada por Borges, la seductora imagen del niño, la abuela inglesa y la biblioteca paterna ocupan esas funciones dramáticas. (Este paralelismo no fue el único efecto de la leyenda de Groussac. Alfonso Reyes, el más grande prosista español de cualquier época según Borges, dijo que Groussac, siendo francés, le había enseñado a escribir en español.)

Groussac, Borges, el francés, el inglés… No sabemos qué otro futuro escritor argentino recontará la leyenda extranjera de un estilo. Sólo sabemos que formará parte de la historia de la diversa entonación y seducción de esa metáfora.

Una mosca de Deleuze

24/12/2011 Deja un comentario

Para Luis Moreno Villamediana.

Es claro que mi percepción del sol indica mucho más la constitución de mi cuerpo, la manera como mi cuerpo está constituido que la manera como el sol está constituido. Percibo el sol así en virtud del estado de mis percepciones visuales. Una mosca percibirá el sol de manera diferente.”

Gilles Deleuze, En medio de Spinoza.

Sobre dúos dinámicos en “Las Malas Juntas”

16/12/2011 2 comentarios

Recientemente he caído en cuenta de que varios de mis filósofos favoritos escribieron libros a dúo: Adorno con Horkheimer, la Dialéctica de la ilustración; Deleuze con Guattari, El Anti Edipo; y menos famosamente Jean-Luc Nancy con Philippe Lacoue-Labarthe, El título de la letra. La lista no es exhaustiva ni mi interés es crítico: no pretendo aclarar si dichos trabajos fueron escritos a dos o cuatro manos ni el grado de participación de mi autor favorito en la doble autoría o autoría siamesa. Me limito a constatar una preferencia quizá involuntaria y a señalar sus caprichos y peculiaridades.

Para seguir leyendo la nota, lo invito a visitar el No. 16 de “Las Malas Juntas”.

Sobre la fe en la poesía y la literatura…

11/11/2011 2 comentarios

Seamos claros: no es asunto de cambiar el terreno de “rescate”, de los “dioses” a la ciencia [o la poesía]. No es asunto para mí de decir: no son los dioses los que pueden salvarnos, sino las ciencias [o la poesía o el arte o la literatura]… Con mucha frecuencia, la ciencia, e incluso mucho más la tecnología [o la poesía], son experimentadas como formas de salvación y se vuelven objetos de fe, cuando no de adoración. E incluso cuando se las opone a la “irracionalidad” de la fe, ellas perpetúan sus más persistentes presupuestos, como la búsqueda de eternidad, permanencia e identidad… En contraste con la positivista y piadosa celebración de la física [o de la poesía] …, para nosotros es asunto, en consecuencia, de eludir conjuntamente el vocabulario de salvar y rescatar: no necesitamos ser salvados, porque ni hemos pecado ni hemos sido abandonados.”

Miguel de Beistegui en Truth & Genesis.

Mis comentarios se limitan a las adiciones entre corchetes.

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